30 de novembre de 2009

Me siento estafado

Uno de los comentaristas habituales del blog me dice que qué hago yo callado con la que está cayendo. Que conste que ya lo avisé, que lo mío no son las prisas sino las pausas... Pero nada, malo si hablas, peor si callas. Bueno, pues algo habrá que decir.

Pero, ¿qué voy yo a decir que no esté ya dicho por gente más formada e informada? Se ha dicho todo lo que se podía decir y más; hasta sabemos ya quién fue el brazo ejecutor de la editorialada, después de que el acusica Arcadi Espada (previa metida de pata de la despechada cadena Ser) empujara a Enric Juliana a levantar el dedo medio avergonzado para decir: "fui yo señorita". A Espada ya le dije lo que tocaba, veamos que puedo añadir aquí.

Solo me cabe añadir lo que me corresponde como ciudadano de a pié, y es que, me siento estafado. Yo, ciudadano corriente, no tenía porqué saber, cuando se me convocó a refrendar o rechazar el Estatut, que el resultado de la consulta podía ser revocado (o modificado, o interpretado o como quieran llamarlo) por un tribunal constitucional. Porque esto -que la soberanía en democracia reside en el pueblo, a veces sí y a veces no- no es de sentido común (común: ordinario, vulgar, frecuente y muy sabido. DRAE, dixit).

No es de sentido común -y dudo mucho que tenga sentido jurídico y constitucional- porque si lo que se aprobó en referéndum no vale, porque no es constitucional, sólo un nuevo referendum puede validar un estatuto distinto. Estatuto que, lógicamente, debería previamente ser discutido por el Parlament de Catalunya y cepillado por las Cortes Españolas. Pero, claro, en esa nueva singladura podría ser objeto de un nuevo recurso de inconstitucionalidad, de manera que la nueva consulta pudiera ser de nuevo invalidada por el TC... y así ad infinitum (o por mejor decir, ad nauseum).

Alguien podría decir -y de hecho ya se ha dicho- que esto hubiera podido evitarse con el recurso previo de inconstitucionalidad. Muy bien, pregunta tonta: ¿se imaginan por un momento todo el proceso paralizado durante más de 3 años, además de los 2 de gestión, a la espera de que sus señorías tuvieran a bien pronunciarse?

Finalmente, y sin salirme de mi condición de ciudadano corriente y lego en la materia. Tengo entendido que una de las cosas que más ha herido la sensibilidad de los magistrados renuentes a aprobar el texto estatutario, es que en él Cataluña (o su parlamento, o su pueblo) se defina a sí misma como nación. A mi parecer esto desmonta el argumento de quienes sostienen que el TC es competente para rechazar el texto aprobado en referendum por la razón de que la soberanía reside en la totalidad del pueblo español y no en una parte del mismo (en este caso Cataluña). Esto sería razonable si en el Estatut se regularan aspectos que afectaran a España en su conjunto (y en aquellos supuestos en que así sea, me callo) pero ¿que puñetas le importa al TC, como se defina Cataluña a sí misma? Porque si le importa, si España se siente legitimada para decirle a Cataluña quien es y como debe ser, entonces es que todo ha sido una pamplina y que aquí nadie se creyó lo de el Estado de las Autonomías.

28 d’octubre de 2009

Profecías autocumplidas



Si entrem aquí prendrem molt de mal, perquè a les hores jo tindria una resposta fàcil (...) tots els casos son diferents, però tots farien una mica de ferum...


Pujol alerta del perill de remoure el finançament dels partits

Si lo sabía él, que "aquí prendrem tots mol de mal..." Y es que sabe más el diablo por viejo que por diablo.

22 d’octubre de 2009

El sentido común y sus enemigos

Cada uno es más o menos sensible a ciertos hechos o a determinadas circunstancias. Yo -no sabría decir exactamente el porqué- lo soy a los atentados al sentido común y a la lógica.

Viene esto a cuento del "caso Millet" y el circo montado alrededor del auto del juez. Por ejemplo, una de las cosas que argumentan los defensores de la puesta en libertad de los imputados es que la figura de "alarma social" ha desaparecido del código penal ¿Y...? ¿Quién ha hablado de alarma social? La sociedad no está alarmada, está indignada, que es una cosa muy distinta. Alarma social es lo que vemos en las películas de la serie negra, donde la gente no sabe quién será la siguiente víctima del asesino en serie. Aquí no hay alarma: los que tenían que ser estafados o robados ya lo han sido. Aquí, insisto, lo que hay es indignación.

Se me dirá que la indignación social tampoco está recogida en el código penal. De acuerdo, pero no es a eso a lo que iba, sino al atropello de la lógica. Leo en la prensa que la decisión del juez para dejar en libertad a Montull y Millet se basa en que no hay riesgo de fuga ni de destrucción de pruebas porque:
«Las acciones realizadas por los imputados (cartas de confesión), en aplicación de una mínima lógica no se corresponden con unas personas que estén preparando su huida ya que es evidente que han tenido la oportunidad de fugarse desde el mismo día en que se produjo el registro del Palau, haciéndolo con una importante suma de dinero y sin reconocer ningún tipo de responsabilidad».
y porque:
«Los imputados no tienen acceso a los locales y sus personas cercanas también se han desvinculado de las entidades»
El riesgo, por definición, es la evaluación de las posibilidades de que algo pueda acontecer en el futuro, no la constatación de hechos pasados. Nadie nos va a asegurar una casa quemada o un coche accidentado. Pués bien, se concluye que Millet y Montull no se fugarán porque no se fugaron en su momento, y no destruirán pruebas porque ya no tienen acceso a las mismas. (O ya no quedan pruebas qué destruir porque sí tuvieron acceso a ellas con anterioridad).

Estoy convencido y no pongo en cuestión -entre otras cosas porque soy lego total en la materia- que el juez ha actuado de acuerdo con los procedimientos establecidos, lo que denuncio como un atropello al sentido común es que se evalúen unos riesgos 3 meses después de las hipotéticas contingencias.

El momento de máximo riesgo de fuga (como señala el propio juez) y de máximo riesgo de destrucción de pruebas fue cuando los mossos entraban por una puerta del Palau y Millet salía bajo un paraguas por la otra. Desde luego, a esos efectos, es ahora bastante irrelevante que sigan, o no, en libertad.

9 de setembre de 2009

El presidente va desnudo... ¡y está sólo!

Lluís Foix decía el otro día, en forma de titular, lo que empieza ya a ser vox populi: Zapatero quizá no sabe más. Los comentarios de los visitantes de su blog son bien expresivos (tomo un par a modo de ejemplo): “el gabinete del que se ha rodeado el presidente obedece a imperativos de obediencia” dice uno. Y añade otro: “tristemente el tiempo nos va dando la razón, el Sr Zapatero es una persona mediocre que no se notaria en tiempos de bonanza, pero la crisis lo ha desenmascarado”. Enric Juliana se une al coro con un guiño a los lectores de Cercas: “El presidente del Gobierno ha tomado la ruta del chisgarabís, zascandilea y cada vez irrita a más gente”, mientras Arturo San Agustín, desde la trinchera de al lado, es más directo y corrosivo: “ El leonés, con esa boca de rape afligido que pone cuando aparenta sentir en lo más hondo todas las injusticias del mundo, ya no convence (…) Alguien ha de decirle a este hombre, a Zapatero, que no hable tanto para no decir nada.”

Bien, que Zapatero no da más de sí es un secreto a voces o, si se prefiere, una opinión cada vez más extendida, pero ¿y los otros? ¿Es que todo el Gobierno -y con él todo el Partido Socialista- está fatalmente resignado a hundirse con su líder? ¿No hay nadie más? Se da la conjunción de dos hechos graves: a) el presidente "no sabe más" y b) no quiere, no tiene, o ha rechazado, rodearse de un equipo competente. Lo cual nos lleva a la peor de las conclusiones: no sabe que no sabe.
Aún así, lo que realmente pone el vello de punta es que en todo el panorama político español no se ve alternativa. Porque, esta es otra -y la más gorda- ni dentro, ni fuera del PSOE, se ve el recambio. ¿Rajoy? ¿Recuerdan sus primeros discursos en el inicio de la anterior legislatura, cuando alguien creyó ver en él un nuevo Cánovas? Parece que llegó a creérselo, e incluso ninguneaba con saña al bisoño presidente diciéndole que para ser presidente "no basta con ser español y mayor de edad" y otras lindezas parecidas. Cierto, no basta, y bien que nos lo ha enseñado la dura realidad. Pero ¿qué nos ofrece Rajoy a cambio, además de un verbo más florido?
A esta situación nos ha llevado uno de los vicios más perniciosos en que ha caído la política española: el personalismo. Todo se fía al líder; a la imagen, al cartel. Nos hemos olvidado de que esta es una democracia parlamentaria para asimilarnos cada vez más a las democracias populistas que florecen en Latinoamérica. No se habla -y en eso los medios tienen una gran responsabilidad- del Partido Conservador o del Partido Progresista; se habla de Fulano o de Mengano. Y cuando Fulano y Mengano se deshinchan ¿qué nos queda?

14 de juliol de 2009

"María, ¿tu ves esa mancha negra en la tele?"

Si está usted en la década de los 50 o los 60 (o más) póngase a cubierto, porque van a por nosotros. El dinero está en manos de los viejos, o por lo menos eso parece desprenderse de las campañas publicitarias. Que los expertos en marketing de esto saben mucho. (O eso pretenden).

Los jóvenes, con la hipoteca, están más que con el agua al cuello. A los de edad mediana les han exprimido, ya, como limones: el coche, la segunda residencia, el plan de jubilación (¡qué caro lo van a pagar!) las actividades extra escolares y los campamentos de verano de los niños, los mil y un gadjets de la micro-electrónica. A los parados lo único que se les puede vender son cursillos de formación profesional acelerada... y falsas esperanzas.

¿Qué queda por hincar el diente?: la tercera edad, ¡claro! Seguro que no les ha pasado desapercibido: los spots publicitarios constituyen una brújula infalible para saber hacia donde ponen la proa los buscadores del vil metal. Y ¿qué señala la brújula?: almohadillas adhesivas para la dentadura postiza; compresas para las pérdidas de orina -"porque mis pérdidas de orina ya no son tan pequeñas"- revisiones periódicas de audición -"¿lo han oído, verdad?"- diagnóstico y tratamiento de problemas de erección; cosmética anti arrugas; revisiones de la vista -"Paco, el marco de la puerta ¿lo ves recto?"- Lo dicho: van a por nosotros. El que avisa no es traidor, que decía el Perich.

Esta ha sido mi humilde aportación a esa absurda costumbre según la cual en verano sólo deben de tratarse temas intrascendentes. Descansen y relájense, que buena falta les hará a la vuelta.

24 de juny de 2009

La Ley electoral y el velo de la ignorancia


John Rawls, filósofo contemporáneo universalmente conocido por su Teoría de la Justicia, acuñó la expresión "velo de la ignorancia" para referirse a las condiciones de imparcialidad que deberían concurrir en los miembros de una asamblea constituyente ideal. Esos individuos, cuyo cometido sería el de dotarse a sí mismos de un acuerdo de convivencia, estarían cubiertos por el velo de la ignorancia de todo cuanto pudiera afectar a sus propias vidas. Sólo desconociendo su propia situación en la sociedad, sus propias características físicas o intelectuales, su inteligencia, su ambición, sus vicios, sus defectos, etcétera, estarían en condiciones de pactar un contrato social justo, dado que, en esa posición original, les resultaría imposible saber qué condiciones del contrato les favorecerían y cuales les perjudicarían. Obviamente, no es que Rawls desconociera la imposibilidad práctica de tal situación; se trataba solo de una formulación teórica a partir de la cual desarrollar su teoría ética de la política. (Algo así como los famosos experimentos mentales de Einstein).

Pues bien, viendo el otro día el programa Àgora, en el canal 33, que trataba sobre la eternamente pospuesta Ley electoral de Catalunya, me vino súbitamente a la mente Rawls y su velo de la ignorancia. Hacia el final del debate, uno de los invitados, el profesor Joan Botella, que junto al, también invitado, profesor Jordi Capo, asesoró y colaboró en la redacción de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) para una nueva Ley Electoral para Catalunya, desmontó -dialécticamente hablando, claro, porque no es diputado del Parlament- una de las maniobras más recurrentes en la dilación de su admisión a trámite. El argumento dilatorio (no exento de lógica y, al parecer, atribuido esta vez al President Montilla) es que una ley electoral debe discutirse al principio y no al final de la legislatura. Efectivamente, la razón por la que hasta el momento ha sido imposible sentar las bases para la aprobación de una tal ley, es que los partidos políticos hacen de forma instantánea los cálculos para cualquier escenario posible y, lógicamente, lo que beneficia a uno perjudica a otro. Argumento más perentorio cuanto más cerca está la convocatoria electoral. El contra-argumento del profesor Botella no puede ser más simple: aprueben ustedes ahora la Ley electoral y no la apliquen hasta las siguientes elecciones, en el 2014. (Cosa perfectamente posible). En efecto, el velo de la ignorancia sobre el comportamiento futuro del electorado se hace más espeso cuanto más lejos está ese futuro. Si no pueden trabajar ustedes bajo la presión que supone tener las elecciones a la vuelta de la esquina -les dice el profesor Botella- alarguen el horizonte a cinco años vista. Tal como están hoy en día las cosas, quién pretenda saber qué sucederá dentro de cinco años está rematadamente loco.

8 de juny de 2009

Votar en blanco: confesión de un fracaso personal

No lo había hecho nunca. Desde el 15 de junio de 1977 no había faltado una sola vez a la convocatoria a las urnas, fuera esta municipal, autonómica, general o de referendo. Siempre había votado y siempre lo había hecho por una de las opciones en liza. Pero esta vez, conforme se acercaba el día, el desasosiego era mayor. Ninguna de las opciones, por uno u otro motivo, me satisfacía. ¿Qué hacer? La abstención no era una opción. No, por lo menos, para quién ha vivido una parte significativa de su vida en dictadura y considera el sistema de representación parlamentaria como un logro irrenunciable. Finalmente decidí depositar el sobre vacío. Y no fue menor el vacío que sentí en mi interior al salir del colegio electoral. Cabizbajo, casi avergonzado -al contrario que en otras ocasiones, en que iba buscando con la mirada la complicidad de conocidos y saludados- deseaba no cruzarme con nadie del vecindario.

No resulta fácil explicarse el voto en blanco. Ya sé que no hay que explicarlo a nadie -es una decisión personal- hablo de explicárselo uno mismo. De hecho, ni que sea por una cuestión simplemente aritmética, es mucho más difícil que explicarse el voto por una opción determinada: en este último caso sólo hay que explicarse el porqué de una opción; en el otro hay que explicarse el porqué del rechazo a todas y cada una de ellas.

Pero hay algo más. Votar en blanco es, para mí y por encima de cualquier otra consideración, el reconocimiento de un cierto fracaso personal. No nos engañemos: en un régimen democrático asentado, como el que disfrutamos, no se puede, sin tomarse antes una buena dosis de cinismo o de alienación, echar la culpa al sistema, a los partidos, a la política o, simplemente, decir que está uno desengañado. El sistema dista mucho de ser perfecto, pero concurren las garantías mínimas, aún con leyes de partidos políticos y otros vicios (como la recientemente comentada ausencia de una ley electoral decente), para que cualquier ciudadano pueda comprometerse con una opción política o participar activamente en su cambio o mejora según sus particulares exigencias éticas.

Cuando uno, ya en el otoño de su vida como es mi caso, se descubre sólo en el andén, después de, por mil excusas distintas, no haberse decidido a tomar ningún tren, no valen excusas; no le queda más que reconocer su fracaso personal. No se me entienda mal: no le estoy diciendo a nadie que asuma esto como un fracaso personal, estoy diciendo que para mí, después de mi particular experiencia vital, lo es.

31 de març de 2009

Crisis Perfecta y Ley Electoral

Una vez más tomo como referencia un artículo de Juan-José López Burniol: "La crisis perfecta". El artículo constituye un inventario del conjunto de factores que configuran la crisis en la actual situación española, con tal capacidad de síntesis, que, por un momento, pensé en copiarlo aquí tal cual. Pero para esto bastaba -y basta- el enlace sobre el título. En su lugar lo que he hecho, para excitar la curiosidad del lector (y ahorrarme la imposible tarea de mejorar la síntesis) es enunciar simplemente los puntos en los que Juanjo (perdón por la familiaridad) desglosa el texto, con una o dos frases de cada uno de ellos:

La crisis perfecta

... a los rigores de la crisis económica más grave experimentada por el mundo desde 1929, se une --en España-- una crisis política cuyos síntomas ya son inocultables. Estamos, por tanto, ante una crisis perfecta fruto de la fatal coincidencia de una serie de factores que conviene precisar. Son estos:

  1. El desplome del modelo productivo ...fundado básicamente en la construcción y el consumo interno financiados por una descomunal deuda externa

  2. El colapso y la trivialización de la política. Está pendiente, desde hace años, una reforma política concretada en tres puntos:

  • a) Reforma del Senado y desarrollo del Estado Autonómico en un sentido federal.

  • b) Reforma de la ley electoral, para implantar las listas abiertas. [Su ausencia genera] partidos huérfanos de democracia interna, cuyos dirigentes se suceden por cooptación.

  • c) Reforma de la financiación de los partidos políticos y de las entidades locales, por constituir dichos ámbitos el caldo de cultivo de la mayor parte de las corrupciones que asolan el país,

  1. El déficit de liderazgo. ¿Cuántos políticos tienen hoy credibilidad en España?

  2. La instrumentalización de la justicia. el Consejo General del Poder Judicial ha actuado siempre como correa de transmisión de las directrices partidarias.

  3. EL RESURGIR del espíritu cainita. "¿Qué se han hecho los españoles unos a otros para odiarse tanto?" (se pregunta uno de los personajes de La velada en Benicarló)



Posdata (17/04/2009)



Ramon S ha colgado esta referencia en el blog de Lluís Foix que, este, con justificado entusiasmo, recomienda que se pase en todos los rincones del país. Bien, pues que se vea también en este modesto rincón. Poco hay que añadir a lo dicho por ambos y, sobre todo, por Enrique Fuentes Quintana:









Y aprovechando, no que el Pisuerga pasa por Valladolid, sino que el propio Burniol lo menciona en el punto 2.b, me gustaría dar reseña de la propuesta de:



Ley Electoral para Catalunya.



Como quizá ya sepan -véase logo o icono, arriba a la derecha, con su enlace- se ha puesto en marcha una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) para que se debata en el Parlament de Catalunya una propuesta de ley electoral. La iniciativa, para prosperar, necesita el aval de 50.000 firmas debidamente formalizadas mediante fedatario (no basta el típico envio del DNI via e-mail). A tal efecto se ha puesto en marcha una campaña para reclutar voluntarios fedatarios (el trámite es muy simple) así como para toda la intendencia asociada.



La campaña está organizada por Ciutadans pel Canvi, pero es abierta a todo el mundo. Así, el viernes 3 de abril se hará un acto de presentación en el Ateneu Barcelonès con presencia de diversas personalidades del mundo intelectual, periodístico y artístico.



Estos son los Puntos Cardinales de la propuesta de ley:



1. Todos los votos cuentan igual_ Proporcionalidad: cada una de la 7 circunscripciones electorales recibe un escaño; el resto se reparten en forma proporcional a la población.



2. Al Parlament votan personas: listas desbloqueadas_ Los ciudadanos eligen a los candidatos de su preferencia dentro de cada formación política (listas abiertas).



3. Los diputados, del territorio_ Se pasa de las actuales 4 a 7 circunscripciones: más proximidad.



4. Si Catalunya vota, el Parlament crece_ El número de escaños efectivos es proporcional a la participación en un margen de entre 120 y 150 diputados. A más participación de la circunscripción, más representantes.



5. Rendimiento de cuentas_
La Sindicatura Electoral de Catalunya velará por la transparencia y cumplimiento de compromisos, no sólo en periodo electoral, sino a lo largo de toda la legislatura.



22 de febrer de 2009

La Tercera Cultura y sus sucedáneos (y II)

Les decía ayer que mi propósito al traer aquí el tema de la Tercera Cultura y su versión española, era, aparte de rememorar sus orígenes, ampliar los escuetos comentarios que dejé en el blog de Mujer Pez. Lo haré retomando la réplica que me dirigía Eduardo:
"Si se asume que los hechos y los valores habitan en reinos o magisterios separados, como Gould y cia, no hay ningún modo de resolver racionalmente el conflicto de los valores. Simplemente hay distintos valores compitiendo entre sí.

Otros rechazamos esa separación y asumimos un horizonte de racionalidad compartido entre lo que suele llamarse "ética" y el resto de la ciencia. Tercera cultura, lo llaman, y exige también un cambio de mentalidad."
Dejando de lado la críptica vacuidad que encierran frases como "asumimos un horizonte de racionalidad compartido" o lugares comunes como exigir "un cambio de mentalidad", lo que nos viene a decir Eduardo en este breve texto es: 1) que la ética puede deducirse (racionalmente) a partir de la ciencia, y 2) que en esto consiste la Tercera Cultura. Niego ambos asertos. El primero es poco menos que una cuestión de fe (cosa que negarán con vehemencia sus defensores, pues es como mentar la soga en casa del ahorcado) pero es que en nada más, que una difusa fe en "un horizonte de racionalidad", se puede apoyar tal aserto. No hay ninguna evidencia -mas bien todo lo contrario- de que el mundo obedezca a un propósito o proyecto, o que esconda una ética susceptible de ser sacada a la luz por la ciencia. Como sabe cualquiera persona medianamente educada se han escrito cientos de tratados sobre los fundamentos de la ética; sería ilusorio tratar siquiera de esbozar aquí los fundamentos de las principales corrientes. Sólo para cerrar el tema, permítanme una mínima cita de una persona que me merece particular respeto y admiración en ese campo; la filósofa y catedrática de ética Victoria Camps:
"La ética, en definitiva, no puede apoyarse en nada, es una creencia, una convicción que tiene como únicas raíces la memoria ética de la humanidad." ("La imaginación ética", Ed. Ariel Barcelona, 1991)
El segundo aserto es el que es propiamente objeto de estos comentarios. Como ya dije ayer, la Tercera Cultura es nada más -pero tampoco nada menos- que un debate. Un debate abierto entre científicos, y entre estos y la sociedad, sobre la ciencia y, en particular, sobre los aspectos más novedosos o desafiantes de la misma. Contrariamente a lo que entiende Eduardo (y quienes comparten sus puntos de vista) la tercera cultura no solamente no es un proyecto compartido -en busca de la ética o de cualquier otro valor- sino todo lo contrario. Es, por definición, debate, confrontación. Por decirlo en palabras del propio Bruckman:
"No hay canon o lista oficial de ideas aceptables. La fuerza de la tercera cultura estriba precisamente en que admite desacuerdos acerca de las ideas que merecen tomarse en serio"
Insisto porque es crucial: la tercera cultura no es un proyecto, ni un movimiento (ni una "misión" redentora, como irónicamente comenta Sirwood a la anterior entrada) es un debate abierto en el que ni siquiera hay acuerdo sobre las ideas que merecen tomarse en serio. Déjenme ilustrarlo con algunas polémicas que son algo más que desacuerdos:

Stephen Jay Gould y Richard Dawkins estuvieron enfrentados durante años (practicamente hasta la muerte del primero) en una, a veces agria, polémica sobre si la selección procedía por saltos o de forma gradual o sobre los agentes de la misma: "La aproximación de Richard -dice Gould- podría llamarse hiperdarwinismo (...) ya no son los organismos los que luchan, sino los propios genes. En la visión del mundo de Richard los únicos agentes activos son los genes. Se equivoca". Nicholas Humphrey opina que "el debate que mantienen Dawkins y Gould está en parte trasnochado y deberían dejarlo ya".

Por su parte Lynn Margulis, que tuvo (y tiene todavía) que librar duras batallas para que la comunidad científica aceptara sus teorías sobre la simbiosis, tampoco se lleva muy bien con los darwinistas radicales como Dawkins o Maynard Smith (ya fallecido): "Mucha de la biología que sabe Maynard Smith, ingeniero de formación, es de segunda mano. Apenas trata con seres vivos". Y no tiene mucha mejor opinión de Eldredge, Gould "y sus muchos colegas (que) tienden a demostrar una increíble ignorancia acerca del verdadero meollo de la evolución".

No son menores los desacuerdos entre los expertos en neurobiología y psicología. Daniel Dennett, filósofo, experto en neurología, inteligencia artificial y psicología, entre otras materias, opina de Nicholas Hamphrey, psicólogo, investigador en el campo de la neurología: "Dan es un purista que puede ser tozudo hasta la exageración. Sus raíces se hunden en el positivismo lógico y el conductismo, que básicamente prescriben de qué se puede hablar y de qué no..."

En fin, no quiero cansarles con más citas. Sólo quería ilustrar la tremenda distancia que hay entre la Tercera Cultura que se inventó Bruckman -si es un buen o mal invento es otra cuestión- y el despiste que exhiben quienes quieren ser sus socios en España.

21 de febrer de 2009

La Tercera Cultura y sus sucedáneos (I)

Hará ya más de 12 años compré un libro de esos que uno devora casi de una tirada: "La tercera Cultura", de John Brockman. En realidad Brockman se limita a hacer la introducción y la coordinación de textos -que no es poco- porque de hecho el libro es en sí un debate entre los científicos y filósofos de la ciencia más destacados del momento con proyección en el campo de la divulgación científica. Me bastó un vistazo a la cubierta para anhelar sumergirme en su lectura: Paul Davies, Richard Dawkins, Stepfen Jay Gould, Steven Pinker, Lynn Margulis, Francisco Varela... y muchos más. Estaban todos (digamos, mejor, casi todos) los científicos que uno a uno había leído, sobre todo en la colección Metatemas de Tusquets. (Ya saben, esos libros de tapas plateadas: "Libros para pensar la ciencia", según reza el lema de la colección dirigida por Jorge Wagensberg).

El objeto del libro no es, no obstante -como tampoco lo es de la Fundación EDGE, de la que The Third Culture es parte integrante y fundamental- hacer una simple recopilación o antología de textos de esos científicos e intelectuales, sino promover, como decía, el debate entre los mismos y entre ellos y la sociedad. El antecedente, ya un poco remoto, de ese debate surge con un famoso artículo de C.P. Snow, en 1959: The Two Cultures. Con aquel título Snow aludía a los intelectuales de letras y los de ciencias, y se sorprendía, no ya de que fueran dos mundos incomunicados entre sí, sino, lo que era peor, de que los primeros se hubieran apropiado del término "intelectual". De hecho no hemos progresado mucho desde que Snow escribiera el artículo a mediados del siglo pasado, a juzgar por la arrogancia de algunos "intelectuales" de letras que, no sólo son verdaderos analfabetos en ciencias ("anuméricos", se les ha llamado) sino que además se vanaglorian de ello. Es por esa razón que Bruckman se desentiende un poco de la idea inicial de Snow, de promover la comunicación entre las dos culturas, y se centra en la comunicación directa entre los científicos y la sociedad, haciendo el by-pass, por decirlo así, a los humanistas que voluntariamente se han recluido en su mundo.

¿Y por qué, se preguntarán, les cuento yo ahora esto, al cabo de doce años?. El tema ha surgido porque en España ha florecido, al calor del circo político, un remedo -un apéndice, quiere ser- de La tercera Cultura a la española. "Cultura 3.0", lo han bautizado, en consonancia con la moda de los tiempos. Y una de las promotoras es Mujer Pez, cuyo blog visito -generalmente para discrepar, qué se le va a hacer- con cierta frecuencia. La última vez a propósito de esta entrada bajo la que he dejado un par de comentarios que me gustaría desarrollar un poco más aquí. Pero, como me ocurre con frecuencia, la introducción del tema se ha alargado más de la cuenta y no quiero que esta entrada al blog se convierta en un tocho indigerible, así que entraré en materia en una segunda parte que les prometo acometer de inmediato.

Antes sólo una acotación. ¿Por qué digo "al calor del circo político" al hablar de la fundación de esta pretendida sucursal de la Tercera Cultura?. Quién esté un poco al tanto del mentado circo sólo tiene que echar un vistazo al "quienes somos" de la tal asociación. Si no están al corriente, ya se lo digo yo: básicamente gente de la órbita de UPyD (más conocido como "el partido de Rosa Díez"). Y ¿cual es la ocupación de estos ciudadanos tan preocupados por la ciencia?: periodistas, escritores, ensayistas, politólogos, catedráticos de Políticas y de Económicas, abajofirmantes compulsivos (que ya nos son familiares en este blog) y... sí, finalmente, dos personas relacionadas con el ámbito científico: un director de un museo de la ciencia y un subdirector de la revista Muy Interesante. Como contraste vean Who are the Third Culture Intellectuals y como los define Brockman:
The work and ideas of the intellectuals featured at this site give meaning to the term "third culture": physicists, evolutionary biologists, philosophers, biologists, computer scientists, psychologists, social, behavioral, and anthropological scientists, and science journalists.
Sobran comentarios. Pero dejémonos de comadreos y entremos en materia. A ello no aplicaremos en la siguiente entrada.

15 de febrer de 2009

Propaganda institucional: una indecencia

Acabo de subir del quiosco y escribo en caliente. Ya se que no es recomendable, pero últimamente ando un poco atareado (y no muy motivado) de manera que si no es así no lo hago.

Es domingo, y con el correspondiente ejemplar del diario (en este caso, El Periódico) viene un libro, de espesor y peso respetable, con el título en portada de "barcelona, capital econòmica", y en el pié: Ajuntament de Barcelona. Papel cuché tamaño A4, 173 páginas con profuso alarde fotográfico, etc. No me importa, ni viene muy al caso, quién o quienes han sufragado, y en qué proporción, el gasto. Seguramente los responsables del ayuntamiento nos argumentarían que el libro no sólo no les ha supuesto un gran dispendio sino que, a lo mejor, incluso han hecho negocio con el mismo (lo dudo). No, no es ese el tema. Es, por encima de todo, un problema de ética, de seriedad, de decencia. Las instituciones no pueden -no deberían- estar al servicio de los partidos que las gobiernan, y esto es, exactamente, lo que está sucediendo. La propaganda institucional es una descarada propaganda al servicio de los partidos. Es una malversación de caudales públicos, por más que formalmente no se pueda calificar como tal.

Desde luego el problema no es nuevo ni se circunscribe, obviamente, al Ajuntament de Barcelona; sin salir del ámbito de Cataluña, desde que tengo memoria democrática, todas las instituciones, pero sobre todo la Generalitat de Catalunya y el Ajuntament, han venido martilleándonos, con todos los medios a su alcance. Desde la "Catalunya cara neta" y "La feina ben feta" o el "Som 6 milions" hasta el "en la sopa punt.cat". Y, por supuesto, el "Gobierno de España" no se queda atrás, faltaría más. En un país que sería el hazme reír de Europa -si la irritación no ahogara la risa- en cuanto a señalización de carreteras, lo único que destaca y queda clarísimo en una obra pública es el letrero que anuncia la institución promueve la obra. Las medidas y tipos de letra del rótulo -estas sí, no las que señalizan la obra y la ruta alternativa- son incluso objeto de minuciosa reglamentación en el Decreto Ley correspondiente.

Uno tendría la tentación de añadir que, estando como estamos en el epicentro de la crisis, ese gasto en la llamada eufemísticamente "publicidad institucional", es más indecente si cabe. Digo sólo "tentación" porque ya no sabemos qué es gasto superfluo, o corriente -que, nos dicen, hay que restringir- y qué es inversión, o inyección de dinero público -que, nos dicen, hay que promover- ¿A quién se lo preguntamos?: ¿A las instituciones...? ¿A los partidos...? ¿A los medios de comunicación que reciben el preciado maná...? ¿A las agencias de publicidad, imprentas o editores que malviven de ello...? ¡País!

3 de febrer de 2009

Tengo una pregunta para usted, señor Zapatero

Hoy martes 3, cuando escribo este comentario, Iñaki Gabilondo le pedía al presidente del Gobierno señor Rodriguez Zapatero, en el comentario editorial con el que suele abrir su informativo de la noche, "dar un enérgico golpe de timón y cambiar el rumbo. Con otra tripulación, desde luego. Cuando el calendario electoral se lo permita, ni un día después".

Creo que Gabilondo se equivoca. En los tiempos y en los modos. Ni la gravedad de la situación permite supeditaciones irresponsables a no sé qué calendarios electorales (que nunca se acaban) ni, sobre todo, puede (y menos, desde la seriedad y la gravedad con la que nos interpela Gabilondo) obviarse que el señor Zapatero es el máximo responsable de ese gobierno y que, quiérase o no, forma parte de ese lastre que Gabilondo le pide soltar.

Con un poco más de memoria por mi parte -o con la paciencia de hacer una somera incursión por las hemerotecas del último año- podría documentar con ejemplos elocuentes la falta de solvencia intelectual y política que el Presidente del Gobierno ha exhibido desde que la crisis empezó a asomar el rostro. Pero no hace falta, está en la mente de todo el mundo. Desde negar obstinadamente la sóla mención de la palabra crisis -como si de un exorcismo se tratara- pasando por menospreciar la opinión de las instituciones y medios de comunicación internacionales más serios, hasta esperpentos del calibre de "hemos sobrepasado a Italia y vamos a por Francia", que "los pronósticos referentes a España nunca se cumplen" o la más sutil, pero no por ello menos insolvente, insinuación de que el liderazgo de Obama se encargará de sacarnos de un lío cuya magnitud nos sobrepasa.

Así, si yo hubiera tenido la oportunidad de hacerle una pregunta al Presidente, mi pregunta hubiera sido algo parecido a:

Yo no puedo, Sr. Presidente, juzgar sus intenciones ni poner en duda que nunca tuvo la voluntad de engañar al pueblo de España con respecto a la crisis que estamos sufriendo, pero los hechos han demostrado que fue el último en enterarse cuando tenía la obligación de -y los medios para- ser el primero. Pero no sólo no se enteró, sino que, desde que lo sabe, no ha sido capaz de explicar y demostrar al país que tiene un plan, y las ideas claras, para guiarnos en la dificilísima singladura que nos espera. Desde luego no se me escapa que no parece haber entre los políticos en activo -ni dentro ni fuera del PSOE- nadie con el carisma y la capacidad de liderazgo que la situación requiere, pero situaciones excepcionales requieren soluciones excepcionales. Señor Presidente, ¿se ha planteado la posibilidad de hacer el supremo sacrificio de patriotismo que para un líder político significa el quitarse de en medio, prestando el último y gran servicio de convocar a las fuerzas políticas y sociales del país a un gran pacto?. En un país con cuarenta millones de habitantes ese líder tiene que estar en algún sitio; sólo hay que ampliar el ámbito de búsqueda.