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12 de febrer del 2010

Economia i economistes

Ahir parlàvem amb en Criteri de economia i de economistes. D'antuvi hi va haver un mal entès però em sembla que finalment ens varem entendre: una cosa es l'economia, que en tan que ciència no és ni bona ni dolenta, i un altre la praxis econòmica, que pot ser més o menys encertada o més o menys perversa. I el mateix es podria dir -afegia jo- respecte qualsevol altre ciència: pel fet de que hi hagin metges o advocats pocavergonyes no direm que la medicina o el dret son disciplines perverses. I acabàvem la discussió referint-nos a economistes concrets. Ell me'n citava un -Niño Becerra- i jo n'hi recomanava dos com a exemple de economistes assenyats i amb un elevat sentit de l'ètica: John K. Galbraith (del que ja he parlat en altres entrades) i Joseph E. Stiglitz.
                                                                                    

Vaig pensar després que en lloc (o a més a més) de parlar-li de economistes d'àmbit mundial podia haver-n'hi citat de més propers, que també n'hi han. I vet-ho aquí que, avui, el senyor Cuni ens sorprèn amb una tertulià extraordinària amb quatre dels més destacats economistes amb càtedra a Catalunya; entre ells, el que sembla gaudir de les preferències d'en Criteri. Jo no m'atreveixo a pronunciar-me en favor d'un o altre perquè em sembla que tots quatre son molt bons en la seva disciplina i a tots quatre els hi suposo una gran categoria professional i ètica. (I tampoc hi entenc un borrall com saber qui va més encertat). La tertúlia ha quedat dividida en tres vídeos, que enllaço a continuació. (He eliminat les imatges):

  1. Primera part 
  2. Segona part
  3. Tercera part

El que sí que es fa evident, al marge del discurs tècnic, es el tarannà de cadascú. El Niño Becerra, més epatant, més catastrofista, si voleu, reitera la seva tesis de que el problema es de fons, d'abast global a l'escena internacional, i que no s'arregle a curt plaç ni amb mesures circumstancials. Antón Costas, reposat i contemporitzador, diu les coses pel seu nom, però també diu que no estem a la UVI i que no cal espantar la gent. Li agrada posar exemples com: si tenim el malat a sobre el llit, i el metge, en lloc de prendre mesures, es posa a plorar, anem malament. Josep Oliver, també tranquil, posa l'enfasi en el llarg plaç i no tant en com ens en sortirem de la crisi, sinó en quins plantejaments s'han de fer per després de la crisi. L'Alfred Pastor, finalment, que te experiència com a secretari d'Estat de Economia, es el que es mostra més contundent a l'hora de criticar el Govern de l'Estat per la seva indefinició i la seva política erràtica.

La pregunta del dia era sobre si s'estava d'acord en que el Rei hagi pres la iniciativa de convocar les forces politiques, patronal i sindicats per tal de apressar-els a que arribin a acords d'Estat, i en això tots hi han estat d'acord. Està clar que era necessari que es fes, el que no està tan clar es que ho hagués de fer el Rei. Però en fi, aquestes ja son figues d'un altre paner. Ho deixo aquí; de fet només volia aprofitar l'avinentesa de la discussió d'ahir per apropar-vos aquest debat.

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Editat 19/02/2010: eliminades les imatges per tal de que la pàgina es carregui més ràpidament.
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Nota: per alguna raó que desconec, el meu "blogroll" no funciona. (Per si algú se'n refiava)

15 de novembre del 2008

Los fines y los medios

En un dramático Editorial titulado 'La hora del automóvil', decía ayer día 20, La Vanguardia:
"EL sector del automóvil, como industria de cabecera en España, de la que dependen millares de empresas y centenares de miles de empleos, necesita una intensa ayuda pública, limitada en el tiempo, para hacer frente a la recesión, para frenar la actual sangría de puestos de trabajo que afecta a toda la economía y para sentar las bases de su imprescindible reconversión tecnológica.
Así lo entienden grandes países industriales como Estados Unidos y Alemania. Y así debe entenderlo el Gobierno, ya que el sector del automóvil es el primer motor industrial del país."
Y después de extenderse en diversas consideraciones sobre el fallido Plan Vive y demás medidas a tomar termina, en tono más dramático si cabe:

"Todos los grandes países desarrollados defienden su industria del automóvil, ya que es un pilar de toda economía por su capacidad de creación de puestos de trabajo. Hemos dicho, y lo volvemos a repetir, que asegurar el futuro de este sector en España es una auténtica cuestión de Estado."
El día antes El Periódico había editorializado sobre el mismo tema: 'Rescatar al sector del automóvil'. en parecidos términos. También sabemos por diversos medios que el President Montilla viajará al Japón para hablar con los máximos dirigentes de Nissan con vistas a parar o mitigar el expediente de empleo de la fábrica de Barcelona. Por no hablar de la amenaza de quiebra de los tres gigantes del sector, con base en Detroit a cuyo rescate parece que deberá acudir el Gobierno Federal de los EE.UU.

La incidencia del sector en la economía mundial es de tal magnitud que nadie osaría poner reparos a la necesidad de que los gobiernos acudan al rescate de las empresas automovilísticas. No sólo se trata de los puestos de trabajo directos: la industria auxiliar de componentes, los distribuidores, la de los transformados metálicos, las de plásticos y materiales sintéticos, la siderometalúrgica, etc., etc. Y sin embargo, ¿nos hemos parado a pensar en el fin y los medios? ¿Sería una catástrofe en si misma que disminuyera el volumen de automóviles que llegan al mercado? El sentido común nos dice que no; para nadie suele ser un gran trastorno alargar, pongamos un año, la vida útil del automóvil o incluso, si me apuran, prescindir parcialmente del uso del mismo.

La pregunta, entonces, surge inaplazable: ¿fabricamos (y compramos) automóviles, porque son un medio de desplazamiento o por los puestos de trabajo que genera su industria? Está claro que, si el abastecimiento del mercado de automóviles, al ritmo acostumbrado, no es una necesidad perentoria, la razón principal y urgente por la que se fabrican automóviles es por los puestos de trabajo que requiere su fabricación y toda la industria subsidiaria. Por lo tanto, ¿no están los fines y los medios trastocados? Seguramente alguien estará tentado de decir que nos encontramos en circunstancias excepcionales ante las que pierden vigencia los planteamientos que serían lógicos en circunstancias normales. No es el caso; veamos que escribía Galbraith en 1996, sin ninguna crisis a la vista:

"En la economía moderna es un hecho algo extravagante que la producción sea ahora más necesaria por el empleo que proporciona que por los bienes y servicios de que abastece"
En parecidos términos se expresa Ramon Folch en 1998, tampoco bajo circunstancias económicas excepcionales (negritas mías):
"A juzgar por las reiteradas manifestaciones de la mayoría de los administradores y políticos del viejo orden, el crecimiento es el principal objetivo de la actividad económica. De modo que andamos con el único objeto de seguir andando? Decepcionante."
La metáfora no es nueva: vamos en una bicicleta, no sabemos hacia donde, pero no podemos dejar de pedalear porque si lo hacemos, nos caemos. Y cual es la receta: hay que ser más competitivos, hay que trabajar más y jubilarse más tarde. Es decir, hay que pedalear más, y más deprisa, no para ir a ningún sitio, sino con el único fin de mantener el equilibrio.

12 d’octubre del 2008

Miedo escénico

Hace tres días, leyendo que el BCE ofrecía a los bancos todo el dinero que necesitaran y que aun así el Euribor seguía subiendo porque -según reza la letanía que todo el mundo repite, empezando por el gobernador del Banco de España- "el problema es que hay una crisis de confianza" y que por tanto "los bancos no se prestan los unos a los otros" (solo falta que lo repitan los loros de la Rambla) escribí a vuela pluma, y en mi lenguaje de lego, una carta a La Vanguardia preguntando (y preguntándome) que, si el problema son los bancos, por qué no se les puentea. Así se publicó la carta el sábado en La Vanguardia:


Liquidez bancaria
He leído que "el Banco Central Europeo pondrá a disposición de los bancos toda la liquidez que necesiten a un interés fijo del 3,75%", pero que, a pesar de ello, "el Euribor sube al 5,5% y que el gobernador del Banco de España advierte que el indicador hipotecario no bajará hasta que vuelva la confianza a los mercados" (9/ X/ 2008). Seguro que mis preguntas provocarán sonrisas condescendientes; aun así se lo agradeceré a quien me las pueda contestar. Si el Banco Central presta a los bancos todo el dinero que haga falta y estos no bajan el Euribor, ¿por qué los bancos centrales no prestan directamente a los tomadores de hipotecas y créditos? ¿No estamos en emergencia? ¿No es de aplicación (¡todavía!) lo de "a grandes males, grandes remedios"?

Si los bancos no quieren cumplir con su cometido, que los bancos centrales les hagan el by-pass y hagan directamente de bancos comerciales. ¿Que eso sería como nacionalizarlos? Pues muy bien, ¿y qué? ¿Nos vamos a hundir todos porque los gobiernos tienen miedo escénico?
Antoni Mont - Barcelona
Como decía estas preguntas me surgieron espontáneamente y tal cual las plasmé, consciente de que mi planteamiento simplista era más una queja -un desahogo al estilo de "piove! governo ladro"- que una reflexión razonada. Por eso me provocó una sensación agridulce leer el mismo día en el Finacial Times (de vez en cuando me aventuro por la red en pos de los oráculos) un artículo del economista Paul De Grauwe en el que desarrolla y argumenta de forma técnica y formal lo que yo apenas insinuaba de forma intuitiva, pero utilizando incluso la misma expresión: "to bypass the banking system". Digo agridulce en el sentido de que da cierto alivio saber que uno no va tan desencaminado, aunque es triste consuelo que ello solo sirva para reafirmarse en la opinión de que los gobiernos no están a la altura de lo que de ellos cabría esperar. A pesar del inconveniente de estar en inglés, lo copio íntegro porque el FT restringe el acceso a los pocos días. Para quien no quiera calentarse los cascos, ahí va un pequeño resumen.

El título es suficientemente expresivo: "La propiedad total y temporal del estado es la única solución".

Empieza repitiendo lo ya sabido: "Este modelo [el actual]... solo funciona si los bancos confían los unos en los otros. La confianza se ha evaporado y, como consecuencia, el modelo falla", para llegar en seguida a la conclusión de que "solo hay un camino, los gobiernos de los grandes estados deben controlar la propiedad de los bancos (o por lo menos de los principales) . Una vez los bancos en las manos del Estado este puede forzar que se presten entre ellos y que presten al público".

Las intervenciones de los gobiernos capitalizando los bancos solo atiende a los síntomas, no a la raíz del problema. En estas condiciones, ha sido como echar el dinero a un agujero negro. Es por ello que considera que "La reciente decisión de la Reserva Federal americana de by-pasar el sistema bancario y prestar directamente al sector no bancario, comprando papel comercial, es un paso en la dirección correcta. Ello permite a las compañías obtener dinero en efectivo tomando créditos a largo plazo; un servicio que los bancos no han querido prestar".

Pero la acción de la Fed es insuficiente porque no tiene el poder de forzar a los bancos a prestar dinero. Sólo el Gobierno puede hacerlo transformando temporalmente los bancos privados en bancos públicos. "Llámese a ello si se quiere -dice como temiendo nombrar la bicha- nacionalización temporal".


Temporary full state ownership is only solution
The essence of what banks do in normal times is to borrow short and lend long. In doing so, they transform short-term assets into long ones, thereby creating credit and liquidity. Put differently, by borrowing short and lending long, banks become less liquid, thereby making it possible for the non-banking sector to become more liquid; that is, have assets that are shorter than their liabilities. This is essential for the non-banking sector to run smoothly.
This credit transformation model performed by banks only works if there is confidence in the banks and, more importantly, if banks trust each other. This confidence has now evaporated and, as a result, the model fails. The generalised distrust within the banking system has led to a situation where banks do not want to lend any more. That means that they continue to borrow short but lend equally short; that is, acquire the most liquid assets.
The result is a massive destruction of credit and liquidity in the economy. The non-banking sector cannot borrow long so as to acquire liquid assets that they need to run their business, because banks do not lend long anymore. This risks bringing the economy to a standstill. A depression is looming.
It is important to realise that this liquidity crisis is the result of a co-ordination failure: bank A does not want to lend to bank B, not necessarily because it fears insolvency of bank B but because it fears other banks will not lend to bank B, thereby creating insolvency of bank B out of the blue. Thus bank lending comes to a standstill because banks expect bank lending to come to a standstill.
How to get out of this bad equilibrium? There is only one way. The governments of the big countries (US, UK, the eurozone, possibly Japan) must take over their banking systems (or at least the significant banks). Governments are the only institutions that can solve the co-ordination failure at the heart of the liquidity crisis. They can do this because once the banks are in the hands of the state, they can be ordered to trust each other and to lend to each other. The faster governments take these steps, the better.
Government interventions have consisted of recapitalising banks. These have not worked. The main reason is that they have been triggered by bank failures as they pop up and, as a result, have only dealt with the symptoms. The liquidity crisis is pulling down asset prices in an indiscriminate way, thereby transforming the liquidity crisis into solvency problems of individual banks. The governments, then, are forced to step in and to recapitalise the bank only to find out later that when the liquidity crisis strikes again, the capital has evaporated. The governments throw fresh capital into a black hole, where it disappears quickly.
Central bank liquidity provision, although necessary, has also failed to address the co-ordination failure and has only made it easier for banks to dispose of long assets to acquire short ones (cash). Thus central banks’ liquidity provisions do not stop the massive destruction of credit and liquidity that is going on in the economy.
The recent decision of the US Federal Reserve to bypass the banking system and to lend directly to the non-banking sector by buying commercial paper is a step in the right direction. It allows companies to obtain cash by borrowing long; a service banks do not want to provide anymore. The step taken by the Fed is insufficient, however. The Fed cannot take over all bank lending operations. Only the government can do this by temporarily transforming private banks into public ones. It can then order the management of these state banks to lend to each other.
Such a transformation (call it a temporary nationalisation) will make it possible to jump start the interbank market and allow the normal flow of credit to be activated. Nationalising the banking system is not the only intervention necessary. There is today a general distrust of private debt. This will force the government to substitute private debt for public debt. The Paulson plan does just that. More Paulson plans will be necessary to put a floor on the price of private debt and to prevent a meltdown.
The temporary nationalisation of the banking system and the substitution of private debt by public debt will allow us to reach a new equilibrium. When this happens, a fundamental reform of the banking system will be necessary in order to remain in this benign equilibrium. When this is achieved the governments will be able to privatise the banking system again.