15 de desembre de 2008

Profecias autocumplidas o el Mensajero de las malas noticias

Suelen quejarse los periodistas, a veces no sin razón, de que se quiera matar el mensajero cuando trae malas noticias. Pero ¿qué ocurre cuando, en efecto, las malas noticias generan malas noticias? El caso paradigmático es una crisis económica como la que estamos viviendo; las malas noticias no generan la crisi -esta generalmente es previa, si más no en estado latente- pero no hay duda de que tienen un efecto multiplicador que puede ser devastador. A estas noticias se las puede calificar con propiedad de profecías utocumplidas.

Màrius Carol escribe hoy lunes en La Vanguardia un artículo -La prensa ante la crisis- en cuyo trasfondo asoma este controvertido asunto. Ejemplifica la polémica con el caso del periodista británico Robert Preston, encargado de las noticias financieras en la BBC, cuyos análisis prospectivos han causado tal impacto en la opinión pública que un comité de la Cámara de los Comunes se plantea "examinar el papel de los medios de comunicación en la estabilidad financiera".

El asunto no es baladí. Mientras por un lado los mismos presidentes Zapatero y Montilla, conscientes de los efectos negativos que un estado de opinión pesimista de la ciudadanía puede tener en la economía real (por utilizar el pleonasmo de moda), animan sin complejos a que "quien pueda consuma", la oposición y la prensa afín no pierden ocasión de incidir, con indisimulado sarcasmo unos, con impostada objetividad otros, en las contradicciones que tales mensajes llevan implícitos o en los aspectos más morbosos que la actualidad inevitablemente genera. Un buen ejemplo de esa falsa objetividad puede encontrarse en nuestra TV-3, que talmente parece tomada por una oposición oportunista. Se me hace difícil interpretar de otra manera las tendenciosas y retóricas preguntas que, día sí, día también, plantea a la audiencia el inefable Cuní (a más de un euro y medio el sms: hay que ser panoli) o la insistencia machacona de con la que Xavi Coral nos recuerda cada mediodía que "el paro ha alcanzado la cota más alta desde tal fecha" o la cantidad de familias que "no llegan a final de mes".

Volviendo al artículo de Màrius Carol, compara este la oportunidad, o no, de informar de la crisis económica, con la polémica que hubo en su momento acerca de la relevancia que debía darse a las informaciones sobre los actos terroristas y las andanzas de sus protagonistas, y termina con estas palabras, que no sé si calificar de ingenuas o voluntaristas: "Cuando pase todo, el público pondrá a cada periódico en su sitio, y los que hayan actuado con el máximo rigor serán primados en ventas y en credibilidad por los lectores". Dejando de lado lo del terrorismo y su dimensión político-mediática (que requeriría otro comentario del blog) no puedo evitar la íntima convicción de que ni el propio autor del artículo sea capaz de creer, ni en sueños, que exista una correlación entre el rigor de los medios y la difusión o audiencia de los mismos.

En la utilización dramática de la crisis por parte de los medios, no sabría decir qué es más indecente: si que lo hagan de forma morbosa con fines comerciales o que lo hagan de forma tendenciosa con fines políticos.