30 de novembre de 2009

Me siento estafado

Uno de los comentaristas habituales del blog me dice que qué hago yo callado con la que está cayendo. Que conste que ya lo avisé, que lo mío no son las prisas sino las pausas... Pero nada, malo si hablas, peor si callas. Bueno, pues algo habrá que decir.

Pero, ¿qué voy yo a decir que no esté ya dicho por gente más formada e informada? Se ha dicho todo lo que se podía decir y más; hasta sabemos ya quién fue el brazo ejecutor de la editorialada, después de que el acusica Arcadi Espada (previa metida de pata de la despechada cadena Ser) empujara a Enric Juliana a levantar el dedo medio avergonzado para decir: "fui yo señorita". A Espada ya le dije lo que tocaba, veamos que puedo añadir aquí.

Solo me cabe añadir lo que me corresponde como ciudadano de a pié, y es que, me siento estafado. Yo, ciudadano corriente, no tenía porqué saber, cuando se me convocó a refrendar o rechazar el Estatut, que el resultado de la consulta podía ser revocado (o modificado, o interpretado o como quieran llamarlo) por un tribunal constitucional. Porque esto -que la soberanía en democracia reside en el pueblo, a veces sí y a veces no- no es de sentido común (común: ordinario, vulgar, frecuente y muy sabido. DRAE, dixit).

No es de sentido común -y dudo mucho que tenga sentido jurídico y constitucional- porque si lo que se aprobó en referéndum no vale, porque no es constitucional, sólo un nuevo referendum puede validar un estatuto distinto. Estatuto que, lógicamente, debería previamente ser discutido por el Parlament de Catalunya y cepillado por las Cortes Españolas. Pero, claro, en esa nueva singladura podría ser objeto de un nuevo recurso de inconstitucionalidad, de manera que la nueva consulta pudiera ser de nuevo invalidada por el TC... y así ad infinitum (o por mejor decir, ad nauseum).

Alguien podría decir -y de hecho ya se ha dicho- que esto hubiera podido evitarse con el recurso previo de inconstitucionalidad. Muy bien, pregunta tonta: ¿se imaginan por un momento todo el proceso paralizado durante más de 3 años, además de los 2 de gestión, a la espera de que sus señorías tuvieran a bien pronunciarse?

Finalmente, y sin salirme de mi condición de ciudadano corriente y lego en la materia. Tengo entendido que una de las cosas que más ha herido la sensibilidad de los magistrados renuentes a aprobar el texto estatutario, es que en él Cataluña (o su parlamento, o su pueblo) se defina a sí misma como nación. A mi parecer esto desmonta el argumento de quienes sostienen que el TC es competente para rechazar el texto aprobado en referendum por la razón de que la soberanía reside en la totalidad del pueblo español y no en una parte del mismo (en este caso Cataluña). Esto sería razonable si en el Estatut se regularan aspectos que afectaran a España en su conjunto (y en aquellos supuestos en que así sea, me callo) pero ¿que puñetas le importa al TC, como se defina Cataluña a sí misma? Porque si le importa, si España se siente legitimada para decirle a Cataluña quien es y como debe ser, entonces es que todo ha sido una pamplina y que aquí nadie se creyó lo de el Estado de las Autonomías.