31 de gener de 2008

Juan-José López Burniol (III) Palo a la burra blanca, palo a la burra negra

Burniol es especialmente crítico con dos personajes: José Luís Rodríguez Zapatero y José María Aznar.

La sonrisa sin destinatario
Burniol ve en Zapatero al principal responsable del desaguisado (la reforma del Estatuto). Dice que asumió la presidencia "cuando todavía no estaba en sazón" e ironiza sobre su laicismo de expresión primaria, su antiamericanismo adolescente o su sonrisa sin destinatario. Pero cuando se muestra realmente duro y dolido con el Presidente es a la hora de evaluar su papel en el antedicho desaguisado. Lo ve como a un jugador de ajedrez que no ve más allá de la próxima jugada, que se guía por el cortoplacismo y el regate en corto, como se pone de manifiesto en sus acuerdos con Mas, almas gemelas, los llama, y la vacuidad de sus análisis: "Zapatero casi nunca fue más allá de ese problema: si Cataluña es o no una nación" (cuestión, esta, secundaria para Burniol). Y resume el método de Zapatero con estas palabras: el debate por encima de las ideas y la crítica por encima de la lógica". Reproches que hace extensivos a su Gobierno, que, en su opinión, ha fallado en lo principal: el proceso de paz y las reformas estatutarias. Es algo más indulgente con el PSC, que se vio arrastrado por la corriente e hizo lo que pudo, o con Maragall "buena gente, no conoce el rencor" pero que cae víctima del síndrome Companys (hablaré de ello otro día) y de los claroscuros de su propio personaje: "sabe ver lejos (...) pero tiene cierta tendencia a no rematar los temas".

El fundamentalista neoliberal y su tropa
No sale mejor librado Aznar - en mi opinión (y apostaría a que Burniol la comparte) el personaje más funesto de la historia reciente de España- que, cuando alcanzó la mayoría absoluta en el 2.000 "se quitó la careta para mostrar su auténtica faz: la de un doctrinario del fundamentalismo neoliberal que saltándose el tardofranquismo entroncó con lo más ajado de la derecha española...", para añadir que al 'aznarismo' supone una involución de más de 40 años. El PP no aparece mucho en escena, pero, en la carta a la que me refiero más abajo, le dedica un párrafo contundente del que entresaco: "Empantanado en una denuncia sin sentido de las circunstancias que provocaron su derrota electoral, enrocado en una defensa absurda de la intangibilidad constitucional, enfangado en un anticatanismo de brocha gorda(...) y con una tendencia abusiva a desplazar a la calle el debate político , la verdad es que no ha dado la respuesta justa que merecía la política errática del Gobierno...".

El amigo de derechas
Pero he aquí que, curiosa e inexplicablemente, salva de sus críticas -justificadas todas ellas- al hombre que durante cuatro años ha liderado a esa pandilla de irresponsables. Me refiero, claro está, a Mariano Rajoy. La "Carta a un amigo de derechas", que mencioné en (I), viene a ser un resumen, personalizado para el líder de la oposición, de las ideas y conclusiones que, bajo distintos ángulos, ha expuesto a lo largo del libro y artículos de prensa. No digo que se sitúe en una posición equidistante: da a cada uno lo suyo y lo da con tino; pero de esa carta a un amigo de derechas se destila la idea -que en absoluto puedo compartir- de que Rajoy, en todo ese desaguisado (ahora no me refiero al Estatuto, sino a toda la legislatura) ha sido una especie de espectador de excepción o, como pretende la leyenda urbana instalada en algunas tertulias, un rehén del "ala dura del PP". Si -con razón- se critica a los fariseos bienpensantes de Cataluña, que no dicen en público lo mismo que en privado, con más razón habrá de criticarse a quién, teniendo la responsabilidad de liderar la alternativa de Gobierno, ha hecho del chiste del gallego en la escalera, guía y norte de conducta.

29 de gener de 2008

Juan-José López Burniol (II) Una dimensión trágica


Lo primero a constatar es que el libro (ver entrada anterior al blog), cuya lectura todavía no he concluido, me ha sorprendido. Estaba convencido de que lo esencial del mismo estaba contenido en los artículos que le había leído y, particularmente, en el avance editorial y artículos que cito en esa entrada, y que el libro no sería sino un desarrollo en detalle de los mismos. La sorpresa viene, en primer lugar, porque incorpora materiales y puntos de vista que no esperaba, pero, sobretodo, porque -en contra de lo que yo era capaz de imaginar- revela a un Burniol para mí desconocido. Por partes.

Respecto del contenido, una de las partes para mí más interesantes es aquella (o aquellas, porque salpica varios capítulos del libro) en que analiza y desmenuza, con precisión de cirujano, los puntos clave del Estatuto, en lo que atañe al objeto de su estudio: la afirmación de Cataluña como entidad al margen de España. Afirmación que, según nos ayuda a descubrir Burniol, subyace más allá de las palabras, por una parte, pero también en el fondo del significado de las mismas, por otra. Digo que ha sido muy interesante y muy ilustrativo para mí, porque debo admitir, con absoluta honestidad, que hasta haber leído este libro no he sabido, ni he tenido conciencia, de a qué dí mi voto afirmativo en aquel referéndum del 18 de mayo de 2006. No estoy diciendo que no hubiera en su momento elementos de juicio para que, quién quisiera esforzarse en ello, pudiese hacerse una idea cabal de qué se ponía a refrendo; sólo digo que yo -es mi culpa- no lo hice.

Pero como decía, hay mucho más, y hoy, en este momento, me interesa el tema específico por el que me interrogaba en mi anterior entrada en el blog: las consecuencias del hipotético referéndum de autodeterminación que, para abreviar, llamaré escenario Burniol. Y aquí es donde se me aparece el Juan-José López Burniol desconocido. Andaba yo por la mitad del libro pero la impaciencia me ha podido, y, cómo los malos lectores de novelas de intriga, no he podido vencer la tentación de leer el final. El Propio Burniol no parece saber muy bien en que momento poner fin a sus reflexiones: después de una larga coda y de una síntesis, el final de verdad llega en forma de una carta abierta a... ¿puedo decirlo?: Mariano Rajoy. (No lo menciona por su nombre -curioso- pero lo identifica de forma inequívoca).

No cabe aquí, siquiera, un resumen de esa larga carta, en la que, entre otras cosas, reitera su teoría, ya expuesta, de las cuatro alternativas que se reducen a dos: estado federal simétrico o estados independientes. Lo que a mí me resulta -me duele en el alma decirlo- entre decepcionante e insólito, es el tratamiento que da a lo que él llama "objeciones que pueden hacerse a este planteamiento”. En concreto a la segunda de esas objeciones que, al decir del propio Burniol, es la única objeción seria (en esto estoy de acuerdo y por eso prescindo aquí de las otras), a saber: la situación en que quedarían los españoles residentes en los territorios escindidos. No me interesa tanto ahora mismo la solución que Burniol vislumbra para ese problema cómo lo que el enunciado del mismo implica. Veamos primero lo uno y luego lo otro. Empieza diciendo Burniol que “el problema se concreta exclusivamente --por razones obvias--(sic) al País Vasco y Navarra”. Al parecer las razones obvias lo son por (oposición a) “la normalidad y características de la sociedad catalana”. En cuanto al País Vasco y Navarra dice reconocer que “esta cuestión tiene allí una dimensión trágica” y que “admito también que no se me ocurre otra solución que la repatriación de aquellos que quisieran marcharse, con todas las ayudas necesarias...”. Esta solución me parece inimaginable, pero no es ahora mismo objeto de mi interés. Mi desazón tiene su origen en lo que el enunciado lleva implícito, que -según lo percibo- es lo siguiente:

  • Se divide a la ciudadanía (por cierto, ahora que caigo en ello: echo en falta esta palabra a lo largo del libro) entre españoles y catalanes (o vascos, gallegos, etc.). ¿En función de su voto en el hipotético referéndum, me pregunto...?
  • No se contempla la situación complementaria: los “catalanes” (según esa terminología) que quedarían atrapados en España caso de resultar rechazada en referéndum la segregación. Se me dirá que, a fin de cuentas, esta no es más que la situación actual. Discrepo absolutamente: después de una confrontación a cara de perro, como la que resultaría del escenario Burniol, habría inevitablemente vencedores y vencidos.
  • Como corolario de los dos puntos anteriores -pero también de lo que subyace en buena parte del libro- se identifica a las naciones potencialmente segregacionistas con sus fuerzas nacionalistas. Dicho de otra manera: en Cataluña sólo habría nacionalistas (catalanes) y españoles (no se sabe si nacionalistas, también, o no).
Esto último -los ciudadanos, nacionalistas y no nacionalistas; se sientan, o no, identificados con una u otra nacionalidad- requiere un poco más de desarrollo, porque de alguna manera subyace, sin abordarse, a lo largo del libro. Y no deja de ser curioso, porque es difícil creer que pueda haberse escapado a la mente ordenada y cartesiana de Juan-José López Burniol. Intentaré abordarlo en una próxima reflexión.

21 de gener de 2008

Juan-José López Burniol (I) Fin de trayecto personal



Dice El Periódico, en la presentación del avance editorial de España desde una esquina I, (y II) de Juan José López Burniol, que este es uno de los líderes de opinión más respetados de el país. Sin duda yo me siento plenamente identificado con esa descripción: Burniol es, quizá, la persona que, de forma más continuada en el tiempo, y a través de los medios, ha suscitado mi admiración y respeto como pensador de la identidad de Cataluña, o, dicho de modo más preciso, y parafraseando a Pierre Vilar, de Cataluña en la España contemporánea. Desde hace muchos años (con seguridad más de diez) le he seguido siempre que he tenido ocasión a través de La Vanguardia, El País, El Periódico, TV3... y ahora me dispongo a leer, cómo no, este último libro que espero tener pronto en mis manos. Ocasión habrá de comentar el libro, que no dudo ofrecerá material de sobras para la reflexión en profundidad de este complejo y apasionante tema que constituye su pasión (y la mía) de la relación o encaje -palabra esta última que parece estar en entredicho- de Cataluña en España. Pero con lo que ya nos ha dicho, sobre todo en los dos últimos años, hay elementos más que suficientes para hacer un primer balance de la situación. Mucho más, de hecho, de lo que puede dar de sí esta entrada al blog, a la que espero dar continuación.

Subrayo lo de los dos últimos años, de hecho algo más, porque hay un momento en el que se produce un punto de inflexión en las reflexiones públicas de Burniol. Ese momento es el la discusión y aprobación de la propuesta de reforma del Estatut de Catalunya por parte del Parlamento catalán que marcó su desmarque de la línea del President Maragall, a la cual se había mantenido fiel hasta ese momento y que quiso visualizar con su célebre artículo Fin de trayecto personal que terminaba con este lamento: "Sólo me resta añadir que, como resulta obvio, entendí mal la propuesta política efectuada en su día por el presidente de la Generalitat señor Maragall, bajo la rúbrica "España plural". Deposité en él mi confianza por error. La culpa sólo a mí es imputable" y que mereció la no menos célebre -por inusual- respuesta pública del ex presidente Pujol : A López Burniol: no plegui. en la que, desde el respeto y la consideración , pero también desde una reconocida discrepancia ideológica, intenta disuadirle de arrojar la toalla, a la vez que justifica la posición de quienes impulsaron la reforma del Estatut en al forma que rechaza Burniol. Y, en efecto, Burniol no tiró la toalla, más bien al contrario, desde entonces ha venido defendiendo con ahínco, ante quien ha querido escucharle, su visión de Cataluña y de España.

Yendo al grano:
"La articulación de España en un Estado federal 'simétrico' o la autodeterminación de las comunidades que busquen la independencia son opciones que habría que afrontar aunque hoy parezca impensable".
Así encabeza uno de sus recientes artículos, Federalismo o autodeterminación, en El País (02/11/2007). Los razonamientos que le llevan a tal conclusión los desgrana en ese artículo (accesible en el enlace) así cómo en muchos otros, cuyas conclusiones intentaré citar muy sintéticamente:

  • El problema no resuelto del siglo XIX español fue articular un verdadero Estado nacional. Ese Estado unitario y centralista no llegó a cuajar y nunca será. Las alternativas que hay son pues:
  • Un Estado federal asimétrico, que no es posible de hecho, pues no hay Estado que aguante varias relaciones bilaterales (Cataluña ejerce un efecto mimético sobre el resto que impide de facto aquella asimetría).
  • Un Estado federal simétrico, del que el Estado autonómico es embrión y que no deja de ser un Estado unitario
  • Por último: diversos Estados independientes.
  • Es decir, descartando las opciones fracasadas y las que se rechazan por una u otras partes, nos queda la disyuntiva que se plantea al principio del artículo: Federalismo simétrico o división en Estados independientes. Ello comporta, obviamente la reforma de la Constitución, que en su actual redacción no admite tal posibilidad.

A partir de este planteamiento, tanto si se considera razonable y/o aceptable, como si no, se abren una infinidad de interrogantes. Algunos ya los ha planteado el propio Burniol; otros los planteará, con toda probabilidad, en el libro. Aquí, por razones de brevedad, quiero plantear sólo uno que ha venido inquietándome desde bastante antes de que Burniol empezara a enfocar sus reflexiones bajo este prisma. El interrogante que se me plantea es, llegado ese momento, al que según Burniol parecemos abocados si (este “si” es de mi propia cosecha) las partes no van de farol y realmente se dan todos los difíciles y graves pasos que deben conducirnos a ese momento histórico del decisivo referéndum. Si, insisto, llegamos a ese momento: ¿qué sucede, y cuales son las consecuencias, si se produce un resultado -en uno u otro sentido- por un margen escaso?. Escenario más que probable no sólo a la vista de todas las encuestas, sino del más puro sentido común. Peor aún: ¿qué sucede si, además, la participación es, como viene sucediendo, relativamente baja?. Por relativamente baja entiendo legalmente suficiente pero legítimamente escasa. Imaginemos una independencia de la Nación catalana con un 45% de la población contraria a dicha independencia. O viceversa: una vuelta al Estado unitario, después de haber levantado (falsas) expectativas, euforias y pasiones, con el 45% de la población catalana manifiesta y manifestadamente segregacionista. Se me hace muy difícil imaginármelo y me pregunto si Burniol ha sido capaz de ello. Estoy deseando saberlo: si lo ha imaginado y, en su caso, qué respuestas nos sugeriría.