13 d’abril de 2005

El asunto de la Verdad

El otro día, tomando como pretexto un post de 'El Bardo' en El Pombo, en el que expresaba su fe inamovible en la Biblia y la iglesia como fuentes de verdad, ensaye una aproximación a la teoría del Liberalismo Politico de Rawls. Recordando la regla que dice que la cosas no se han entendido hasta que uno no se es capaz de explicarlas, pensé que si era capaz de explicar a Rawls estaría en el camino de comprenderle. Y lo intenté de la siguiente manera:

Dice Rawls que "el Liberalismo Político parte del supuesto de que hay varias doctrinas comprehensivas razonables encontradas, cada una con su concepción del bien y todas ellas compatibles con la plena racionalidad de las personas humanas".


Ahora bien, estas doctrinas, que son compatibles con la racionalidad humana son a la vez incompatibles entre sí, por cuanto cada una de ellas es el compendio de un sistema de creencias y valores completo (comprehensivo) que aun pudiendo tener zonas de contacto común, son, por definición distintos.


Entonces, si son incompatibles entre sí, ¿cómo se articula una sociedad bajo el liberalismo político?: mediante lo que Rawls llama el consenso entrecruzado (overlapping consensus). Unas reglas de juego pactadas, un pluralismo razonable en el que la verdad, interna a cada doctrina, es pospuesta en favor de la razonabilidad consensuada.


Y este es el meollo de la cuestión: para usted la Biblia y la Iglesia son fuente de Verdad; para mí no. Yo no puedo pedirle que usted renuncie a su verdad, pero sí debo pedirle, si hemos de convivir en paz, que la restrinja a su ámbito privado y que admita que para mí no es la verdad. Cierto, hoy por hoy, nadie nos va a quemar por ello, pero no perdamos de vista que el invento de no quemar a quién no comulga con la verdad es relativamente reciente y de equilibrio precario.

La respuesta de mi interlocutor fue un tanto descorazonadora:

"Yo no he leído a Rawls, así que no comentaré sobre él sino simplemente sobre lo que usted ha escrito. Yo veo esa propuesta como una manera de recortar la verdad... para mí el asunto se reduce a que si existen un cúmulo de doctrinas incompatibles, algunas tienen la razón y otras no".
Pero mi empeño ya no era con él, sino conmigo mismo, así que hice un segundo intento:
Me expresé con la mayor prudencia de que soy capaz y tenía la esperanza de haberme hecho entender. Aun así lo quiero volver a intentar.


Es claro que si hay una única verdad, y hay diversas doctrinas que sostienen y se basan en verdades distintas, algunas, si no todas, de estas 'verdades' no pueden ser verdaderas. Frente a esta realidad hay básicamente dos posibilidades: intentar dilucidar cual de las supuestas verdades es realmente verdadera, o buscar un modus vivendi mediante el cual puedan coexistir con cierta armonía las diversas doctrinas y quienes las sustentan.


La primera es la obvia y la que se ha ensayado desde que el mundo es mundo. No tengo noticia de que en algún caso la cuestión se haya zanjado con el común acuerdo de que una de las doctrinas en presencia era la verdadera y todas las demás falsas. Los indicios apuntan más bien a que ha prevalecido o predominado la doctrina cuyos defensores contaban con más fuerza para imponerla.


La segunda opción viene a ser, con más o menos variantes, la que subyace al estado democrático moderno: se consensuan unas bases mínimas y unas reglas de juego que todo el mundo se compromete a respetar, y se deja un amplio margen de libertad para que cada uno pueda, en la medida en que no coaccione al resto de la ciudadanía, vivir con arreglo a su propia doctrina.


Está claro que la práctica no es tan fácil y placentera como esta breve exposición podría dar a entender (de lo contrario habríamos encontrado la piedra filosofal) pero esta es la esencia. Lo que sucede en la realidad es que hay una tensión permanente entre el espacio común aceptado y cada uno de los espacios particulares; tensión que estira -con el peligro, a veces, de desgarrar- la frontera que delimita estos espacios.


Lo que quiero decir, en síntesis, es que la verdad es algo muy importante para uno mismo y para el propio gobierno, pero tiene escasa utilidad como herramienta de entendimiento con el prójimo.
Me temo no conseguí ir mucho más allá en mis dotes expositivas...