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20 de febrer del 2010

En homenatge a Krahn

Ha mort Fernado Krahn, il·lustrador de la ciència

El dijous passat, dia 18, va morir el dibuixant Fernando Krahn, il·lustrador de La Vanguardia des de feia 26 anys. Gràcies a ell, en certa manera, jo vaig re-descobrir el vell diari. (Clicar el dibuix per engrandir)

El meu pare es va de-subscriure de La Vanguardia arran del cas Galinsoga (el 1959) però va continuar comprant-la cada dia al quiosc --tampoc hi havia gaire per escollir. Per a ell comprar la Vanguardia era quelcom ineludible, com afaitar-se, o prendre's el cafè de bon matí. Jo vaig heretar l'addicció a comprar el diari cada dia; però ja no era La Vanguardia (que per a mi estava indissolublement associada al régimen) sinó qualsevol altre.

Be, no exactament qualsevol altre, sinó el que en cada moment a mi em semblava menys proper al tal règim i els seus hereus. Així, vaig anar passant pel Tele-eXprés de l'Ibañez Escofet, l'Avui d'en Josep Faulí, El Diario de Barcelona d'en Tristán La Rosa, El País d'en Cebrián (que vaig estimar i odiar no sé quantes vegades)... Fins que un bon dia - als darrers 80s- vaig descobrir que, els dissabtes, La Vanguardia, publicava unes pàgines de ciència força interessants (que més tard es van convertir en un excel·lent suplement) il·lustrades amb uns dibuixos encara més interessants. Era l'època d'en Lluís Foix --i més endavant d'en Joan Tàpia-- i vet-ho aquí, que ja no era el portaveu de la dreta més carrinclona, sinó que s'havia convertit en un diari modern i progressista. La historia més recent ja la coneixeu tots: l'any 2000, al carrer de Pelai van desembarcar els prenafeta's boys i li van dir al conde de Godó que si s'havia begut l'enteniment i que, què era això de fer-li el joc a l'enemic. Des les hores un altre cop m'he de veure com ànima en pena, vagant del País al Periòdico i del Periódico al País, perquè, com diu la copla, ni contigo ni sin tí tienen mis males remedio.

Però m'he anat del que volia parlar, que era del malaguanyat amic Krahn. Nat a Xile el 1935, s'en va exiliar quan la dictadura del Pinochet, i, per sort nostra, es va establir a Sitges, on ha viscut fins a la seva mort. La ciència i el surrealisme son dues coses per les que --cadascuna al seu lloc-- sento debilitat, i en Krahn sabia combinar-les perfectament. No sé si perquè tenia formació científica, o perquè tenia una extraordinària capacitat per copsar les indicacions d'en David Jou, Vladimir de Semir i d'altres periodistes científics, feia un dibuixos que eren, no ja només el complement perfecte dels texts, sinó gaire be ciència en sí mateixos. Fins a tal punt que, de vegades, quasi be semblava que els propis texts quedesin en un segon pla.
   
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Otrosí: Ja m'he perdut del tot

Avui, al quiosc, quasi be tots els diaris duien a la portada, i de forma destacada, la foto d'un paio --a qui no conec de res-- que diu que demana disculpes pels seus embolics de faldilles i que "no descarta tornar al golf aquest any". (??!)

Sempre he sostingut que si tothom va en un sentit i tu (com el boig de l'autopista) vas en sentit contrari, el que va errat ets tu. Es doncs evident que qui va errat soc jo. No pot ser que, de cop i volta, tota la premsa s'hagi tornat groga, no pot ser que tot hom s'hagi tornat grillat, no pot ser que m'hagin abduit i estigui visquen a la Amèrica profonda sense haver-me'n adonat. Així, doncs, soc jo qui s'ha perdut, i el primer pas es admetre-ho.

15 de desembre del 2008

Profecias autocumplidas o el Mensajero de las malas noticias

Suelen quejarse los periodistas, a veces no sin razón, de que se quiera matar el mensajero cuando trae malas noticias. Pero ¿qué ocurre cuando, en efecto, las malas noticias generan malas noticias? El caso paradigmático es una crisis económica como la que estamos viviendo; las malas noticias no generan la crisi -esta generalmente es previa, si más no en estado latente- pero no hay duda de que tienen un efecto multiplicador que puede ser devastador. A estas noticias se las puede calificar con propiedad de profecías utocumplidas.

Màrius Carol escribe hoy lunes en La Vanguardia un artículo -La prensa ante la crisis- en cuyo trasfondo asoma este controvertido asunto. Ejemplifica la polémica con el caso del periodista británico Robert Preston, encargado de las noticias financieras en la BBC, cuyos análisis prospectivos han causado tal impacto en la opinión pública que un comité de la Cámara de los Comunes se plantea "examinar el papel de los medios de comunicación en la estabilidad financiera".

El asunto no es baladí. Mientras por un lado los mismos presidentes Zapatero y Montilla, conscientes de los efectos negativos que un estado de opinión pesimista de la ciudadanía puede tener en la economía real (por utilizar el pleonasmo de moda), animan sin complejos a que "quien pueda consuma", la oposición y la prensa afín no pierden ocasión de incidir, con indisimulado sarcasmo unos, con impostada objetividad otros, en las contradicciones que tales mensajes llevan implícitos o en los aspectos más morbosos que la actualidad inevitablemente genera. Un buen ejemplo de esa falsa objetividad puede encontrarse en nuestra TV-3, que talmente parece tomada por una oposición oportunista. Se me hace difícil interpretar de otra manera las tendenciosas y retóricas preguntas que, día sí, día también, plantea a la audiencia el inefable Cuní (a más de un euro y medio el sms: hay que ser panoli) o la insistencia machacona de con la que Xavi Coral nos recuerda cada mediodía que "el paro ha alcanzado la cota más alta desde tal fecha" o la cantidad de familias que "no llegan a final de mes".

Volviendo al artículo de Màrius Carol, compara este la oportunidad, o no, de informar de la crisis económica, con la polémica que hubo en su momento acerca de la relevancia que debía darse a las informaciones sobre los actos terroristas y las andanzas de sus protagonistas, y termina con estas palabras, que no sé si calificar de ingenuas o voluntaristas: "Cuando pase todo, el público pondrá a cada periódico en su sitio, y los que hayan actuado con el máximo rigor serán primados en ventas y en credibilidad por los lectores". Dejando de lado lo del terrorismo y su dimensión político-mediática (que requeriría otro comentario del blog) no puedo evitar la íntima convicción de que ni el propio autor del artículo sea capaz de creer, ni en sueños, que exista una correlación entre el rigor de los medios y la difusión o audiencia de los mismos.

En la utilización dramática de la crisis por parte de los medios, no sabría decir qué es más indecente: si que lo hagan de forma morbosa con fines comerciales o que lo hagan de forma tendenciosa con fines políticos.

30 d’agost del 2008

Los "seres queridos"

La expresión se extendió cual mantra desde las primeras y deslavazadas crónicas de urgencia. A un redactor cualquiera le pareció la más apropiada para la ocasión y ninguno de los que le siguieron se atrevió a usar ninguna otra menos piadosa. Seguramente el término "familiares" no les pareció suficientemente dramático dada la magnitud de la tragedia. Se dirá que de todas las tropelías perpetradas por los medios (sobre todo audiovisuales) a raíz del accidente de aviación, esta es la menor. Cierto. Y cierto también que más de un redactor serio (y algún qué otro profesional de la indignación impostada) se han ocupado del tema. Con ingredientes tales como el periodo vacacional (con sus suplentes y sus becarios ávidos de aprovechar la huidiza oportunidad), la excepcionalidad de la noticia y la necesidad de rellenar cada vez más horas, de cada vez más parrillas, la bazofia del resultado era inevitable.

Si tomo esta anécdota mínima como pretexto de esta entrada, es porque ejemplifica el subjetivismo de los relatores/fabricantes de la noticia. Y el hecho de que este subjetivismo se deslice de forma sutil no me parece ningún atenuante, sino todo lo contrario: precisamente porque lo sutil es susceptible de pasar desapercibido. Y esto es lo peor del caso: que nos parezca la cosa más normal del mundo. El relator de la noticia no tiene ningún derecho a inmiscuirse en los sentimientos de los involuntarios protagonistas del acontecimiento; si las víctimas eran seres más o menos queridos por sus familiares o allegados es algo que pertenece a la esfera personal de cada uno de ellos, y que al reportero no debe importarle ni formar parte de la fantasía de su relato; su deber profesional es atenerse a los hechos y relatarlos con la mayor fidelidad y profesionalidad posibles. Nada más.