Poco hay que añadir por mi parte (y, a la vista del artículo, diría que poco asimismo por parte del señor notario) a lo dicho hace un par de años. ¿Qué nos aporta, entonces, asomándose de nuevo a la tribuna pública con tan manido asunto? Pues, sobretodo, la constatación de que pasa el tiempo, de que los plazos vencen, y de que el problema, lejos de resolverse (o disolverse) se agría y se enquista. Y que, como consecuencia de todo ello, se pone de manifiesto la escasa estatura política y humana de los actores principales que nos han tocado en suerte. También, detalle no baladí, la tribuna en sí: en lugar de su habitual espacio en El Periódico esta vez se vale de la edición nacional de El País. Parece con este gesto querer apelar al segmento de España (supuestamente) menos refractario a Cataluña.
Burniol nos recuerda de qué cuatro maneras podría, en teoría, articularse la Península y como, descartadas las fracasadas o inviables, se reducen a dos: Estado federal o secesión. Y nos recuerda también que dicha articulación tropieza en la falta de altura de miras, de sinceridad y de coraje político de unos y otros; en Cataluña y en España. Valiéndose de un colega anónimo, con cuyo análisis dice coincidir, nos dice que «no hay federalistas ni en España ni en Cataluña» y que el conflicto histórico entre España y Cataluña se resume en «el choque frontal de dos naciones: una que no ha tenido fuerza para absorber a la otra, y otra que no ha tenido fuerza para desligarse de aquélla».
El pasado mes de abril, Lluís Foix lanzaba desde su blog un guiño de complicidad a su amigo el notario: A Zapatero le vencen las letras, titulaba. Burniol, al referirse a la ceremonia de la confusión que entre todos oficiaron, le devuelve el guiño: «hubo quien, por último, prometió lo que no debía, procedió con ligereza insólita y ha terminado por mirar hacia otro lado cuando las letras comenzaban a vencer». Sería injusto cargar todas las culpas sobre ZP porque, como se ha dicho, casi nadie, a derecha o izquierda, al Este o al Oeste ha estado a la altura de las circunstancias, pero no es menos cierto que el secretario general del PSOE, precisamente por lo que de él se esperaba y por la alta responsabilidad que ostenta, ocupa un lugar destacado entre los responsables de fiasco.
Déjenme finalmente ilustrar uno de los capítulos más estrafalarios de la tragicomedia -las disputas de patio de vecinos comarcales, que estos días vienen en los medios- con este fragmento de un mensaje que le he leído hoy a un corresponsal de Arcadi Espada que, con sorna y crueldad infinitas, se regodea con esas pequeñas miserias. Dice así, un tal Desierto Polaco:
«Por lo que se ve, nuestros nacionalistas creen que con la independencia de Cataluña se resolverá el ‘eterno problema catalán’. Lo que no sabemos que cómo resolverán el eterno dilema tarraconense, el pertinaz problema aranés o el ancestral conflicto del Penedés. Nos vamos a reír mucho».Se van a reír mucho, en efecto, ellos, los no-nacionalistas. Porque en este "trozo de tierra que se extiende del Pirineo a Tarifa y del Finisterre al cap de Creus", como lo define Burniol, lo importante no es el progreso o éxito propios, lo realmente importante es poder escarnecer al vecino.
Brian
Nota sentimental:
López Burniol firma el artículo como "miembro de Ciutadans pel Canvi". Quizá me engañe, pero quiero interpretarlo como un indicio de que, a pesar del "hastío y pena" que dice sentir, sigue en la brecha. ¡Ánimo!
