25 de febrer de 2006

El sentido de la vida (II)



Uno de los libros que he tenido ocasión de leer durante mi obligado descanso se titula "El sentido de la vida", de Julian Baggini, cuyo subtítulo reza "Y las respuestas de la filosofía". Columnista en varios periódicos y editor de la revista The Philosopher's Magazine, Baggini parece animado por la vocación de poner la filosofía al alcance de un público amplio sin caer en la vulgarización de la misma, y yo diría que lo consigue.

Inevitablemente la primera cuestión pone en relación sentido y fin: ¿es necesario que la vida tenga un fin trascendente para tener sentido?. Hasta hace poco más de un siglo, cuando la existencia de un Creador era consideraba evidente en sí misma por la gran mayoría de la gente, la respuesta a esa pregunta parecía necesariamente afirmativa. Tan era así, que los mismos filósofos que tuvieron la osadía de enfrentarse a idea de la muerte de Dios encontraron en el pecado la penitencia: la vida, para existencialistas y nihilistas, resultó absurda y sin sentido hasta el punto de plantarse el suicidio como la opción más coherente (y en más de un caso esa coherencia se llevó hasta sus últimas consecuencias). Pero afortunadamente hemos pasado ya este sarampión y hoy somos capaces de diferenciar el fin (trascendente) del sentido. Es decir, un fin preasignado por un ser trascendente podría, quizá, dar sentido a la vida, pero nada nos autoriza a negar ese sentido por el hecho de que no concurra tal circunstancia. En palabras de Baggini, "si podemos dar un objetivo y sentido a la vida, no hay ninguna razón obvia por la que debamos considerar que este tipo de sentido es inferior al dado por un creador". No sólo no hay ninguna razón, sino que está por demostrar cual pudiera ser ese hipotético fin para el cual habríamos sido creados. Baggini -cuyo punto de arranque es lo que él llama una búsqueda racional y laica- se hace una serie de consideraciones a partir de las interpretaciones de la supuesta voluntad de Dios tales como que estamos aquí para cumplir su voluntad y adorarle (en este supuesto nuestra vida tendría un objetivo para el ser que nos ha creado, pero no para nosotros) o para crecer y multiplicarnos, y dominar la tierra y sus criaturas (no tenemos ni idea de por qué la tierra y sus criaturas necesitan ser dominadas ni de cómo el hacerlo puede dar sentido a nuestra vida). Pero no es mi intención, ni cabe aquí extenderme, en los argumentos de Baggini, sino sobrevolar su aproximación al sentido de la vida.

Una vez sentado que se trata de una búsqueda racional y laica, y descartado que la aproximación religiosa sea, no ya la única, sino ni siquiera la más racional, Baggini recorre en una serie de posibles respuestas al sentido de la vida y para cada una de ellas esboza una o varias tesis y sus correspondientes antítesis. Por ejemplo, ¿marcarse una meta puede dar sentido a la vida?; quizá sí, pero corremos el riesgo de quedarnos sin ese sentido una vez conseguida la meta o frustrarnos irremediablemente si la meta resulta inalcanzable. ¿Conseguir el éxito puede dar sentido a una vida?; también es posible, pero esto condena a la inmensa mayoría de la humanidad a una vida sin sentido. ¿Ayudar a los demás puede darnos ese sentido?; puede, pero ayudar a los otros es un medio para sacarles de un apuro o darles mejor calidad de vida, no un fin para dar sentido a nuestra vida. También, en fin, contribuir a la prosperidad de la comunidad, la nación, la humanidad o la misma especie pueden ser objetivos de una vida con sentido, pero sin perder de vista que lo que es valioso de la humanidad no se encuentra en ese nivel, que no deja de ser una abstracción, sino en de sus miembros individuales.

Quizá uno de lo momentos en que uno se siente proclive a enfrentar este tipo de preguntas es cuando tiene la percepción de que la vida tiene fecha de caducidad, como los yogures, y que esta fecha puede no estar muy lejana o, cuanto menos, no aplazada sine die. La pregunta que surge ya no es tanto si la vida tiene o no sentido, sino como debiera aprovecharse ese tiempo que se muestra avaro. ¿Debería uno modificar su actitud o sus prioridades ante tal eventualidad?; ¿cae uno en la cuenta de que ha estado dejando de hacer cosas importantes mientras el tiempo no apremiaba, y que ahora debe acometer a toda prisa?. ¿Tiene sentido continuar dedicando tiempo a descifrar los intríngulis de una determinada herramienta informática, que se abordó como un hobby, terminar alguno de los libros de novela, historia o ensayo que se quedaron con un punto entre sus páginas que ya empieza a amarillear, o seguir planificando ese viaje de vacaciones que quizá no llegue nunca?. ¿Qué es lo que realmente vale la pena hacer, ahora que sabemos que ya no haremos muchas cosas que creímos posibles?.

Después de darle más de una y más de dos vueltas al asunto, he llegado a la conclusión de que no hay ninguna razón para cambiar las prioridades. No se me ocurre ninguna razón en virtud de la cual, la importancia relativa de las cosas, y nuestra actitud ante ellas y ante la vida, deba cambiar en función de las expectativas de vida. Lo que era digno de atención sigue siendolo, lo que procuraba entretenimiento y solaz lo sigue procurando, y los motivos para reflexionar ante la vida y su sentido me siguen pareciendo igual de vigentes.

Volviendo al libro de Baggini, nos encontramos al llegar a su término con algo que ya sospechábamos tras las primeras páginas de lectura: el sentido de la vida existe, pero depende de cada uno. "El principal argumento de este libro -nos dice Baggini en el último capítulo- es, por lo tanto, democrático e igualitario, en el sentido de que devuelve a cada uno de nosotros el poder y la responsabilidad de descubrir y en parte determinar el sentido por nosotros mismos".


Bien, aquí se acaba la película. Ahora, este es el sentido de la vida.
(Le entregan un sobre, ella lo abre y lee)

...Bueno, no es nada especial. Procurad ser agradables con la gente, evitad comer grasas, leed un buen libro de vez en cuando, dad algún paseo y procurad vivir juntos en paz y armonía con la gente de todos los credos y naciones.

MONTY PYTHON, El sentido de la vida.

4 comentaris:

  1. En el blog de alguien que quizá usted también conozca, Mrmann (http://mirandoaldesierto.blogspot.com/), están colgado estos días varios fragmentos del filósofo cordobés Séneca, concretamente de las Epístolas morales a Lucilio, que aunque tienen una extensión poco apropiada para un comentario de blog, dicen exacta y más resumidamente (XDDDD) lo que yo querría decirle. Así que me permito (hala, ella) traérselos hasta aquí:

    No creas nunca feliz a alguien que esté pendiente de la felicidad. En frágil fundamento se basa aquél que pone su alegría en lo que ha de venir: el gozo que proviene de fuera, afuera se irá. Por el contrario, el que nace en uno mismo es fiel y firme, y se desarrolla y va con nosotros hasta el final. Los bienes que dependen de la Fortuna pueden convertirse en fructíferos y deleitosos cuando el que los posee se posee igualmente a sí mismo, y no está atado a sus pertenencias. Pues se equivocan, Lucilio, los que piensan que la Fortuna nos da algo bueno o malo; lo que nos concede no es más que material para el bien o para el mal, ocasión para que algo resulte bueno o malo en nosotros. Pues el ánimo es más fuerte que cualquier Fortuna... El hombre recto e íntegro deshace los conflictos de la Fortuna, y con paciente sabiduría, ablanda lo duro y agreste, y, sin conmoverse, recibe lo favorable con aquiescencia y modestia y lo adverso con fortaleza de ánimo y quietud. (...) Es altamente perjudicial el ánimo expectante del futuro, y desgraciado antes que la desgracia, aquél que se inquieta porque vaya con él hasta el fin de sus días aquello que le agrada. En ningún momento tendrá sosiego, y en la expectativa del futuro perderá el presente y el disfrute que le pudiera acarrear. Además, es lo mismo el dolor de haber perdido algo que el temor de perderlo.

    (...) Cualquier cosa de la que te creas dueño está a tu lado pero no te pertenece. Nada es constante para el que no lo es, nada es eterno y perdurable para quien es frágil. Es tan necesario morir como perder lo que se posee, y esto mismo es un consuelo si lo interpretas correctamente. Pierde tranquilo: has de morir. Puede quitársenos el poseer, mas nunca el haber poseído.


    ¿Ve...? De ve-rdades como puños.

    :-)

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  2. Imponentes esos recortes de Donna.

    Poco más se puede añadir. Igual decir que con la edad se va teniendo mucho mejor conformar, con lo que el nivel de confort es mayor y el nivel de exigencia aumenta sólo hacia los intelectos, más que hacia las cosas o hechos.

    Cuando mi madre o mi tío (referentes tal vez demasiado perennes en mi cabeza) decían que no querían volver a la juventud siempre me pareció, siendo joven, que era una especie de uvas verdes hecho tópico. Pero resulta que ahora ya para vieja me encuentro con que me pasa lo mismo, me gusta lo que tengo, y estoy tranquila. Y ya de paso...me he sorprendido a mi misma, vivencial hasta el cansancio, deseando que llegara de una vez el Telón, por cansancio, hartazgo, agotamiento de esta lucha que significa estar vivo y notarlo.

    Bueno, si a pesar de todo llegamos al solsticio de verano tenemos que comentarlo con unas birras por medio y un buen monton de cosas de esas que producen acidez ( a algunos para entonces ya no) para meternos entre pecho y espalda.
    Ya he acabado la web esa que estaba haciendo, estoy al borde del colapso, más que nada porque se me ha quedado roñoso un brazo, de la neura, supongo...
    Las mozas de la junta (que son majas de asustar) dicen que les gusta (eligieron ellas el color, que conste, y yo asentí por parecerme original y tal y cual) así que mejor no meneallo.
    Falta que funcione el favicon como debe, y cosucas así...en fins...detalles.
    Te pego la dire y me avisas si encuentras linkes futut. http://www.aepc.com.es
    Beso.

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  3. Muy interesante, Brian.
    Pues ya es casualidad, pero estoy escribiendo un post en el que pongo alguna cita que toca el tema, y dice cosas parecidas a las que ha pegado Donna. Además, te dejo el enlace a un impagable texto de un prestigioso filósofo actual: http://unhombresentadoenunasilla.blogspot.com/2005/08/el-sentido-de-la-vida-o-la-utilidad.html

    Un abrazo.

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  4. Donna, Miranda, Portorosa... Gracias a todos. He echado un vistazo rápido al artículo del prestigioso filósofo. A la vuelta me lo leeré con calma y seguiremos especulando sobre el sentido de la vida... and beyond.

    Me voy, que tengo el tiempo justo y, como dice Tirso, no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague. (De lo primero estoy seguro, de lo segundo tengo mis dudas).

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