17 de febrer de 2008

Juan-José López Burniol (V) La dura realidad

Tenía para comentar dos recortes de El Periódico con las respectivas respuestas de Rajoy y Zapatero a una pregunta de López Burniol -¿El encaje de Catalunya en España se resolvería mejor con un Estado federal clásico, y por tanto simétrico, o mediante un modelo confederal, sea este asimétrico o bilateral?- que se incluye en el contexto de sendas entrevistas a ambos personajes. Pero el propio Burniol se me adelanta hoy, en su columna del domingo, exponiendo los pensamientos que le suscita la primera de esas respuestas, la de Rajoy. Y a la vista del éxito, incluso dudo de que se moleste en comentar la segunda, la de Zapatero.

Las respuestas no pueden ser más previsibles; ventiladas como de puro trámite, diría yo. Rajoy: "Las cosas son mucho más sencillas que todo eso. España está definida en la Constitución como la suma de las nacionalidades y regiones que la componen. Y es exactamente eso, y no ninguna otra cosa". Por su parte, Zapatero: "El debate territorial requiere menos discusiones conceptuales y más claridad en la posición que cada cual defiende. La Constitución ha optado por un modelo de organización del Estado que no responde a una idea confederal: no está, pues, en el horizonte". ¿Alguien podría sorprenderse ante este tipo de respuestas?. No sé si a Burniol le han sorprendido, pero cuanto menos le han dolido; si más no la de Rajoy, que ha motivado su antedicha reacción. Al decir de Burniol ya un amigo le había advertido: "te engañas, no hay federalistas en España" capaces de reconocer que Cataluña "es una realidad histórica que ha preservado su identidad y tiene una voluntad decidida de proyectarla al futuro". "Así las cosas -termina diciendo Burniol- reconozco humildemente que Ortega tenía razón: la relación entre España y Catalunya solo podrá desenvolverse (...) en términos de estricta conllevancia". Para ser exactos -la precisión no me parece ociosa- en su famoso discurso en Las Cortes (tal como recoge el propio Burniol en su libro) Ortega no habla de la relación entre España y Cataluña, sino del problema catalán. Problema que "no se puede resolver, sólo se puede conllevar".

Y me pregunto yo: ¿tanta fuerza tiene la apresurada respuesta de Rajoy como para que Burniol, de un plumazo, se replantee toda la doctrina cuidadosamente elaborada en su libro, y salte 74 años atrás en el tiempo?. ¿Qué esperaba Burniol de "su amigo de derechas", o del hombre de "la sonrisa sin destinatario". ¿Qué taumatúrgico efecto esperaba que su pregunta operase en los dos estadistas que hoy se disputan liderar el destino inmediato de España?. En el improbabilísimo caso de que Burniol leyera estas líneas, sería yo quien le diría ahora, no ho deixi. Al margen, y más allá, de líderes y liderillos al albur de circunstanciales elecciones, los ciudadanos de Cataluña, y de España, esperamos algo más de nuestros intelectuales. Este libro, aunque tal como he dicho en anteriores comentarios, no comparto alguna de sus premisas ni, en consecuencia, algunas de sus conclusiones, constituye un esfuerzo notable y valiosísimo para el planteamiento de una relación entre España y Cataluña (y otras naciones) sin caer necesariamente en el fatalismo de la conllevancia mutua ni, mucho menos, a vernos mutuamente como una especie de castigo divino. Y bueno, puestos a dar saltos atrás en el tiempo, prefiero al republicano Azaña antes que al historicista Ortega.

PS: Tal como amenacé, quería dedicar un comentario al síndrome Companys -figura acuñada por Burniol, con una gran carga significativa, para referirse al giro soberanista de Maragall y, a su rebufo, el PSC, durante la tramitación de la reforma del Estatut- pero el hilo de la actualidad me fuerza a posponer ese comentario en beneficio de la reacción de Burniol a las respuestas de los líderes políticos. A pesar de que soy consciente de que dedicar tantas entradas consecutivas al mismo tema aburre a las ovejas, pienso que el libro, como digo arriba, más allá de su contenido estricto, que no es poco, constituye una hoja de ruta muy apropiada para examinar, y quizá superar, el problema catalán, que me apasiona tanto como al propio Burniol.

3 comentaris:

  1. Brian: Desde que Ramón Tamames intentó su invento de aquel partido llamado Federación Progresista, no he visto muchos intentos de formulación nuevos al respecto. Me ha llamado la atención que sobre el tema de Kósovo, tanto PP como PSOE han coincidido en tiempo y modo.

    ResponElimina
  2. A mí también me ha llamado la atención... hasta cierto punto. No tanto que por una vez estén de acuerdo como que se hayan puesto de acuerdo para acordar en silenciar. Algo inédito en mucho tiempo. Veremos qué ocurre después de las elecciones.

    ResponElimina
  3. Espero leer el comentario sobre el"síndrome Companys"pronto.

    Un saludo.J.Vilá.

    ResponElimina