
Bien, que Zapatero no da más de sí es un secreto a voces o, si se prefiere, una opinión cada vez más extendida, pero ¿y los otros? ¿Es que todo el Gobierno -y con él todo el Partido Socialista- está fatalmente resignado a hundirse con su líder? ¿No hay nadie más? Se da la conjunción de dos hechos graves: a) el presidente "no sabe más" y b) no quiere, no tiene, o ha rechazado, rodearse de un equipo competente. Lo cual nos lleva a la peor de las conclusiones: no sabe que no sabe.
Aún así, lo que realmente pone el vello de punta es que en todo el panorama político español no se ve alternativa. Porque, esta es otra -y la más gorda- ni dentro, ni fuera del PSOE, se ve el recambio. ¿Rajoy? ¿Recuerdan sus primeros discursos en el inicio de la anterior legislatura, cuando alguien creyó ver en él un nuevo Cánovas? Parece que llegó a creérselo, e incluso ninguneaba con saña al bisoño presidente diciéndole que para ser presidente "no basta con ser español y mayor de edad" y otras lindezas parecidas. Cierto, no basta, y bien que nos lo ha enseñado la dura realidad. Pero ¿qué nos ofrece Rajoy a cambio, además de un verbo más florido?
A esta situación nos ha llevado uno de los vicios más perniciosos en que ha caído la política española: el personalismo. Todo se fía al líder; a la imagen, al cartel. Nos hemos olvidado de que esta es una democracia parlamentaria para asimilarnos cada vez más a las democracias populistas que florecen en Latinoamérica. No se habla -y en eso los medios tienen una gran responsabilidad- del Partido Conservador o del Partido Progresista; se habla de Fulano o de Mengano. Y cuando Fulano y Mengano se deshinchan ¿qué nos queda?