8 de gener del 2010

De vencimientos e insolvencias

Vuelve una vez más Juan-José López Burniol sobre el problema catalán, al que denomina, creo que con acierto, problema español. Como saben quienes siguen el blog (y ante quienes no puedo por menos que disculparme por el cuasi-abandono en que lo tengo) entre enero y marzo de 2008 dediqué siete entradas a rastrear el pensamiento del señor López Burniol sobre el dicho problema a raíz de la publicación de su libro "España desde una esquina".

Poco hay que añadir por mi parte (y, a la vista del artículo, diría que poco asimismo por parte del señor notario) a lo dicho hace un par de años. ¿Qué nos aporta, entonces, asomándose de nuevo a la tribuna pública con tan manido asunto? Pues, sobretodo, la constatación de que pasa el tiempo, de que los plazos vencen, y de que el problema, lejos de resolverse (o disolverse) se agría y se enquista. Y que, como consecuencia de todo ello, se pone de manifiesto la escasa estatura política y humana de los actores principales que nos han tocado en suerte. También, detalle no baladí, la tribuna en sí: en lugar de su habitual espacio en El Periódico esta vez se vale de la edición nacional de El País. Parece con este gesto querer apelar al segmento de España (supuestamente) menos refractario a Cataluña.

Burniol nos recuerda de qué cuatro maneras podría, en teoría, articularse la Península y como, descartadas las fracasadas o inviables, se reducen a dos: Estado federal o secesión. Y nos recuerda también que dicha articulación tropieza en la falta de altura de miras, de sinceridad y de coraje político de unos y otros; en Cataluña y en España. Valiéndose de un colega anónimo, con cuyo análisis dice coincidir, nos dice que «no hay federalistas ni en España ni en Cataluña» y que el conflicto histórico entre España y Cataluña se resume en «el choque frontal de dos naciones: una que no ha tenido fuerza para absorber a la otra, y otra que no ha tenido fuerza para desligarse de aquélla».

El pasado mes de abril, Lluís Foix lanzaba desde su blog un guiño de complicidad a su amigo el notario: A Zapatero le vencen las letras, titulaba. Burniol, al referirse a la ceremonia de la confusión que entre todos oficiaron, le devuelve el guiño: «hubo quien, por último, prometió lo que no debía, procedió con ligereza insólita y ha terminado por mirar hacia otro lado cuando las letras comenzaban a vencer». Sería injusto cargar todas las culpas sobre ZP porque, como se ha dicho, casi nadie, a derecha o izquierda, al Este o al Oeste ha estado a la altura de las circunstancias, pero no es menos cierto que el secretario general del PSOE, precisamente por lo que de él se esperaba y por la alta responsabilidad que ostenta, ocupa un lugar destacado entre los responsables de fiasco.

Déjenme finalmente ilustrar uno de los capítulos más estrafalarios de la tragicomedia -las disputas de patio de vecinos comarcales, que estos días vienen en los medios- con este fragmento de un mensaje que le he leído hoy a un corresponsal de Arcadi Espada que, con sorna y crueldad infinitas, se regodea con esas pequeñas miserias. Dice así, un tal Desierto Polaco:
«Por lo que se ve, nuestros nacionalistas creen que con la independencia de Cataluña se resolverá el ‘eterno problema catalán’. Lo que no sabemos que cómo resolverán el eterno dilema tarraconense, el pertinaz problema aranés o el ancestral conflicto del Penedés. Nos vamos a reír mucho».
Se van a reír mucho, en efecto, ellos, los no-nacionalistas. Porque en este "trozo de tierra que se extiende del Pirineo a Tarifa y del Finisterre al cap de Creus", como lo define Burniol, lo importante no es el progreso o éxito propios, lo realmente importante es poder escarnecer al vecino.
Brian

Nota sentimental:
López Burniol firma el artículo como "miembro de Ciutadans pel Canvi". Quizá me engañe, pero quiero interpretarlo como un indicio de que, a pesar del "hastío y pena" que dice sentir, sigue en la brecha. ¡Ánimo!

30 de novembre del 2009

Me siento estafado

Uno de los comentaristas habituales del blog me dice que qué hago yo callado con la que está cayendo. Que conste que ya lo avisé, que lo mío no son las prisas sino las pausas... Pero nada, malo si hablas, peor si callas. Bueno, pues algo habrá que decir.

Pero, ¿qué voy yo a decir que no esté ya dicho por gente más formada e informada? Se ha dicho todo lo que se podía decir y más; hasta sabemos ya quién fue el brazo ejecutor de la editorialada, después de que el acusica Arcadi Espada (previa metida de pata de la despechada cadena Ser) empujara a Enric Juliana a levantar el dedo medio avergonzado para decir: "fui yo señorita". A Espada ya le dije lo que tocaba, veamos que puedo añadir aquí.

Solo me cabe añadir lo que me corresponde como ciudadano de a pié, y es que, me siento estafado. Yo, ciudadano corriente, no tenía porqué saber, cuando se me convocó a refrendar o rechazar el Estatut, que el resultado de la consulta podía ser revocado (o modificado, o interpretado o como quieran llamarlo) por un tribunal constitucional. Porque esto -que la soberanía en democracia reside en el pueblo, a veces sí y a veces no- no es de sentido común (común: ordinario, vulgar, frecuente y muy sabido. DRAE, dixit).

No es de sentido común -y dudo mucho que tenga sentido jurídico y constitucional- porque si lo que se aprobó en referéndum no vale, porque no es constitucional, sólo un nuevo referendum puede validar un estatuto distinto. Estatuto que, lógicamente, debería previamente ser discutido por el Parlament de Catalunya y cepillado por las Cortes Españolas. Pero, claro, en esa nueva singladura podría ser objeto de un nuevo recurso de inconstitucionalidad, de manera que la nueva consulta pudiera ser de nuevo invalidada por el TC... y así ad infinitum (o por mejor decir, ad nauseum).

Alguien podría decir -y de hecho ya se ha dicho- que esto hubiera podido evitarse con el recurso previo de inconstitucionalidad. Muy bien, pregunta tonta: ¿se imaginan por un momento todo el proceso paralizado durante más de 3 años, además de los 2 de gestión, a la espera de que sus señorías tuvieran a bien pronunciarse?

Finalmente, y sin salirme de mi condición de ciudadano corriente y lego en la materia. Tengo entendido que una de las cosas que más ha herido la sensibilidad de los magistrados renuentes a aprobar el texto estatutario, es que en él Cataluña (o su parlamento, o su pueblo) se defina a sí misma como nación. A mi parecer esto desmonta el argumento de quienes sostienen que el TC es competente para rechazar el texto aprobado en referendum por la razón de que la soberanía reside en la totalidad del pueblo español y no en una parte del mismo (en este caso Cataluña). Esto sería razonable si en el Estatut se regularan aspectos que afectaran a España en su conjunto (y en aquellos supuestos en que así sea, me callo) pero ¿que puñetas le importa al TC, como se defina Cataluña a sí misma? Porque si le importa, si España se siente legitimada para decirle a Cataluña quien es y como debe ser, entonces es que todo ha sido una pamplina y que aquí nadie se creyó lo de el Estado de las Autonomías.